Nostalgia de ayer y productos de hoy en un exitoso Mercado Campesino de Miranda de Azán

Uno de los puestos del Mercado Campesino de Miranda de Azán.
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Numeroso público disfruta del Mercado Campesino de Miranda de Azán, ambientado en la estética rural y con una importante oferta de productos artesanos de la provincia y los invitados del valle del Tiétar.

Miranda de Azán ha celebrado este domingo su Mercado Campesino, una iniciativa que ha sido un éxito de afluencia de público, lo que respalda un planteamiento en el que prima el regreso a lo artesano, lo ecológico y lo local. Desde primera hora de la mañana, cientos de personas se han acercado al recinto, próximo al centro multifuncional de la localidad, animados por el buen tiempo, lo que ha propiciado un gran ambiente. A lo que contribuye sin duda la ambientación de la feria, con multitud de personajes vestidos como antaño y recreando roles del mundo rural.

 

En esta nueva edición, la cuarta, el mercado ha repetido sus premisas de años anteriores. Se trata de una reunión de artesanos en torno a la producción agraria y rural de toda la vida. Hoy en día eso significa dar cabida a producciones artesanales de calidad, de proximidad y, muchas veces, de tipo ecológico con las que se recuperan los usos, maneras y productos de la época en la que se inspira el mercado, 1890 a 1930. Bajo este paraguas la oferta de puestos ha sido muy amplia y variada, casi sin repetición de especialidades y sin exceso de puestos de comida, algo habitual en los mercados de estética tradicional.

 

Como siempre, los artesanos proceden de las comarcas salmantinas y este año los invitados eran del abulense valle del Tiétar. Y se podía encontrar de todo, empezando por los productos gastronómicos como los embutidos, el queso o la miel, puestos donde productores locales han vendido verduras y hortalizas de producción ecológica y salidas de tierras cercanas, vino procedente de la cercana Tierra del Vino zamorana, las cada vez más apreciadas cervezas artesanas salmantinas...

 

En cuanto a la artesanía, no han faltado puestos donde observar viejos aperos de labranza, una fragua y diferentes artesanías: talla de madera, de piedra, fabricación artesanal de velas, las afamadas mantas de El Bodón, de jabones, trabajos en cuero...

 

A todo ello ha habido que añadir el buen ambiente y recreación gracias a actores que, ataviados a la antigua usanza, recorrían los puestos vestidos de bandoleros o de labriegos con las briznas de trigo a cuestas, una pareja de músicos, un pregonero que hacía los anuncios pertinentes y hasta un cura que, incluso, solicitaba un óbolo piadoso a todos aquellos a quienes abordaba.