Nos sigue quedando España, a pesar de la gran decepción

 
En un país convulso por la crisis económica, una reforma laboral recién estrenada que no gusta a casi nadie y múltiples ajustes todavía por hacer, nos sigue quedando la Selección española de fútbol para alimentar esa ilusión que nos hace olvidar casi todos los problemas. Quizá la situación es tan dramática en los hogares españoles, que las desgracias no podían venir solas y el equipo de Vicente del Bosque se estrelló contra una Suiza sin posesión, ni juego, ni clase, pero con mucha suerte. Pero precisamente por eso, porque los españoles jugaron al fútbol, tuvieron ocasiones y demostraron su calidad, no pueden perder la esperanza en ser más efectivos, en aprender de sus errores y en hacer valer unas señas de identidad que se merecieron mucho más que la triste derrota. El debut en el Mundial no pudo ser peor, pero Salamanca debe seguir creyendo en su salmantino más internacional, debe seguir, como ha hecho hasta ahora, volcada con La Roja y debe seguir, apoyando hasta el final la gran oportunidad de ganar el Mundial de Sudáfrica. No será fácil reponerse de un golpe inesperado, será duro volver a la senda de la confianza, pero en su profesionalidad y en nuestro ánimo está levantarse con la misma fuerza de un tropezón tan doloroso, de una herida que sólo se curará con el siguiente partido y la merecida victoria. Lo importante es cómo finaliza y a España le queda un largo recorrido.