No fueron 8, fueron 5

EL TRIUNFO DE UN ESTILO. Exhibición de fútbol del conjunto azulgrana, nuevo líder de Primera División tras arrollar al Real Madrid.
EFE

La mejor versión del Barça, la del fútbol en mayúsculas, la de la estética por encima de todo, destrozó al Real Madrid y dio un golpe de autoridad ante el mundo del fútbol. No fueron ocho como al Almería, pero fueron cinco goles. El día del 111 aniversario de su fundación, los jugadores del Barça regalaron una actuación soñada, golearon a su máximo rival y convirtieron buena parte de la segunda parte en un enorme rondo con los jugadores madridistas como invitados.

Fue el triunfo del sello Barça, la quinta victoria de Pep Guardiola sobre el Real Madrid, en todos los partidos que su equipo ha jugado desde que llegó, pero la de ayer tiene más significación, porque la consiguió siendo fiel a su estilo y ante un equipo que no había perdido ni un solo partido en toda la temporada.

La velocidad de ejecución de los azulgrana fue impresionante. Con los automatismos aprendidos, buscó el juego entre líneas, la superioridad técnica de sus centrocampistas, la velocidad de sus delanteros y la espalda de la defensa rival. Triangulaciones. Desde Piqué o Busquets, hasta Iniesta o Xavi. El desborde de Villa y Messi, el Barça fue una máquina. El Real Madrid, fiel a su juego a la contra, nunca encontró la manera de hincarle el diente al rival y estuvo más pendiente de defenderse que de atacar, de contrarrestar que de crear, nada nuevo en el guión.

Messi lanzó el primer aviso. Un remate al palo, con Casillas ya superado, a la salida de un saque de esquina. A la segunda advertencia, llegó el 1-0, en una jugada que resume del estilo azulgrana. Un pase de Iniesta entre líneas encontró a Xavi, Marcelo no acertó a despejar.

Nada pudo hacer el Madrid, salvo confiarlo todo a una contra letal, a la velocidad terminal de Cristiano o de Benzema, sustituto hoy de Higuaín en el once titular.

El fútbol toque del Barça no tenía respuesta y los azulgrana mostraron una de sus mejores versiones de siempre hasta el punto de que en el minuto 18, los de Guardiola marcaron el segundo gol. Villa desbordó por la izquierda a Sergio Ramos y su centro no fue detenido por Casillas. Pedro, sin oposición, se adelantó a Marcelo y marcó el segundo a puerta vacía.

Un rifirrafe entre Guardiola y Cristiano Ronaldo fue la espoleta que enervó al Barça y puso en mejor situación al Real Madrid. Los blancos, con más corazón que calidad, se fueron un poco más arriba a partir de la media hora de partido y avisaron con un lanzamiento de falta del portugués.

Vista la superioridad de los catalanes, Mourinho movió ficha en el vestuario. Se olvidó de su planteamiento inicial y lanzó un mensaje a sus jugadores: tenía que renunciar a su estilo para evitar una derrota más dolorosa, pero ni así lo consiguió. Así que dejó en el banquillo a Özil y puso sobre el césped a Lass Diarra. Con el francés, Xabi Alonso y Khedira, Mourinho buscaba equilibrio, pero en los primeros diez minutos del segundo tiempo, el Barça tuvo tres llegadas (Villa y Xavi) y un gol anulado de Leo Messi.

A la cuarta llegó el tercero y a la quinta, el cuarto, en pleno festival de los azulgrana, el delirio de las gradas y la desolación del equipo de Mourinho. En el 3-0, Messi asistió a Villa; en el 4-0, el argentino volvió a asociarse con el asturiano. El problema para el Madrid es que hasta entonces únicamente se habían jugado 57 minutos. Bojan tuvo dos ocasiones para ahondar en la herida madridista después de que el Barça se recreara en su juego combinativo frente a un rival que reclamaba la bandera blanca. Hizo el cuarto y aún hubo un tanto más, marcado por Jeffren en el tiempo añadido. Era el 5-0, una goleada para la historia que demuestra la incontestable solvencia del Barça. Entre las dos maneras de entender el fútbol: la del Barça y la del Real Madrid, la de Pep Guardiola y la de José Mourinho.