Más naranja y más mecánica

BRASIL SE MARCÓ EN PROPIA PUERTA CON EL PARTIDO ENCARRILADO.
EFE / PUERTO ELIZABETH (SUDÁFRICA)
Holanda necesitó 36 años y ocho mundiales para infligir a Brasil una dura derrota, de remontada, que deja al equipo Orange en semifinales. La magia de la dupla Sneijder y Robben, y la desgracia de Melo, que volvió a jugar, puso un impecable pase para el gol de Robinho, pero anotó en meta propia y se fue expulsado a los 77 minutos, resumen el vaivén de un partido, por momentos bronco, por momentos de alto voltaje. Holanda planteó un juego provocador, de constante roce que en minutos enseñó un partido cortado por las faltas. Los brasileños entraron en un juego premeditado y perdieron los papeles. A los 10 minutos Robinho comenzó a tallar su condición de figura al recibir libre de marca un pase profundo desde el punto central de la cancha lanzado por Melo. El balón llegó a la media luna, Robinho avanzó sin custodio a la vista y con pierna derecha y remate seco batió a Stekelenburg. Kuyt tuvo el empate un minuto después pero su disparo al vertical derecho desde la banda opuesta fue desviado al córner por Julio César. Por momentos parecía que el árbitro japonés Yuichi Nishimura perdía el control. Apenas una amarilla para Heitinga y Bastos en el primer tiempo, poca muestra para tanta hostilidad que apenas era interrumpida por los destellos de técnica de los brasileños. Pases cortos, rápidos, triangulaciones con la participación activa de Robinho, Luis Fabiano y Kaká, que en el Mundial de Sudáfrica ha dejado de lado el papel de figura para vestir el mono de trabajo. A los 55 minutos pase de Robben a Sneijder, quien despacha desde la derecha el balón con pierna zurda. El centro no parecía complicar, pero en el aire chocaron por falta de comunicación Melo y Julio César. Tremendo error compartido. Dolor para el portero que poco había sido exigido y nueva decepción para el centrocampista, malquerido por su juego truculento y quien ahora anotaba en propia puerta. Brasil no fue más el mismo. Sus zagueros quedaron contagiados de una parálisis que tuvo otra nefasta consecuencia trece minutos después. Córner desde la derecha impulsado por Robben, doble cabeza ante la mirada de los brasileños, primero de Kuyt y después de Sneijder para anidarla en el fondo de la red, establecer la remontada y comenzar a sentenciar el partido que se anunció como una final adelantada. El Brasil de Dunga, que con tantas críticas de la prensa llegó a territorio sudafricano, pero que iba acallando con resultados las voces de los críticos, cayó sin poder administrar un resultado favorable.