¡Más madera!

Una portería tiene tres palos por algo y ayer al Salamanca le quedó clara al menos una de las razones. Y es que a veces se convierten en enemigos, como cuando repelió un disparo de Salva Sevilla que parecía ir directo y mansamente hacia la portería, pero otras son los mejores amigos como cuando repelieron hasta cuatro disparos del Rayo que olían a gol.
Teresa sánchez / madrid

Los palos fueron los protagonistas inesperados de un bonito partido, jugado de tú a tú en el que, cada uno con sus armas, ambos equipos buscaron la victoria. La necesidad de ganar a estas alturas es muy grande y en los dos equipos ayer casi pareja así que si algo tuvo el inicio de encuentro fue mucha intensidad y nada de especulación. Los dos buscaron el área del adversario con velocidad, sin apenas transición por el centro y encontrando en Perico, por parte unionista, y Rubén, por parte del equipo vallecano, los dos principales estiletes. El andaluz de la UDS fue el protagonista de las dos primeras acciones de peligro, ambas por la banda derecha, tirando de calidad para superar a Jofré y plantándose casi en el área pequeña para no conseguir rematar en la primera y dejar el balón atrás en la segunda para que Álvaro, en el pico del área pequeña chutara a bocajarro pero con demasiadas piernas de por medio.

La ocasión fue clara y el Rayo se dio por avisado porque, achicó espacios y comenzó a ganar en posesión, algo que en Vallecas, por aquello de las dimensiones del terreno, se convierte rápidamente en oportunidades para pisar el área del rival. De hecho lo hizo, y con peligro, puesto que por dos veces los jugadores locales toparon con los postes. Primero, y posiblemente, en la más clara de las dos acciones, Rubén, ganó perfectamente la espalda a la zaga unionista, se plantó sólo delante de Biel y al intentar superarle por arriba envió el esférico al larguero. La oportunidad había sido clarísima y eso espoleó a un Rayo que se volcó un poco más, hasta que cinco minutos después Piti soltó un derechazo tres metros por detrás de la frontal y el tiro le salió raso hasta chocar, de nuevo, con el poste.

Se aliaba la suerte con el equipo salmantino que durante unos minutos, aun no gozando apenas de la posesión, al menos sí supo protegerse mejor y dormir el encuentro lo suficiente. Eso sí, cuando despertaron de nuevo los locales fue para hacer lo mismo que habían realizado hasta entonces, llevar otro balón en el poste. Estaba tentando demasiado la suerte el equipo de Jorge D’Alessandro que, sin embargo, casi al límite del descanso vio como esta se le volvía de espaldas tras una gran acción entre Perico y Salva. El primero ejerció del segundo paró más allá de la frontal, miró, templó y vio el desmarque de su compañero que ganó la espalda a los zagueros y, algo escorado, superó a Dani y vio como el balón, que parecía que marchaba directo a la portería, también topaba con la omnipresente madera.

Comenzó la segunda mitad con una clara oportunidad para la Unión, tras un disparo de falta desde la frontal de Salva Sevilla que salió pegadito al palo, tanto que los aficionados del Salamanca cantaron gol. Repitió Rubén Castro que se marchó por velocidad y cuando encaró al portero charro disparó raso y fuerte por el único hueco que dejaba el guardameta, el justo para que lo único que encontrara el tiro fuera el palo.

No parecía haber forma de que la igualada se rompiera y eso que las idas y vueltas eran constantes. Lo intentó Toti, lo intentó Rubén Reyes y el partido, más o menos bien controlado por los unionistas, se enredó con la absurda expulsión de Kabiru Akinsola que desperdició en dos entradas la apuesta que hizo D’Alessandro por él y la posibilidad de explotar su velocidad. Con diez sobre el campo al Salamanca le tocó juntar líneas y dejar cualquier apuesta ofensiva a una posible salida a la contra que no se produjo. Se defendió panza arriba y al menos sumó un punto. La Liga se aprieta y todos los detalles cuentan, es la hora de gritar ¡más madera! y echar el resto.