Más de 2.500 devotos acompañan a la Virgen de Valdejimena en una feliz jornada campestre

La Virgen de Valdejimena no faltó a su cita anual de Pentecostés, ni tampoco los miles de peregrinos que cada año se acercan hasta esta ermita para acompañar a una imagen que protege a cuantos llegan al lugar.
Roberto Jiménez

El bello edificio barroco, el tercero desde sus orígenes, que terminó de construirse en 1968 acogió la misa que abrió el día festivo, una calurosa y soleada jornada campestre. Más de 2.500 devotos, llegados desde diferentes puntos de la provincia de Salamanca honraron a la Virgen.

Fue emocionante ver cómo los cofrades bajaron a la Virgen de su trono hasta las andas procesionales donde permanecerá hasta octubre. Los devotos cumplieron con la tradición de pasar bajo su manto y pedir protección. Una vez abajo, la imagen queda ya preparada para salir en las distintas procesiones que arrancaron el Primero de Mayo, continuaron ayer con la celebración de la romería grande, seguirán con las misas de la salud de los distintos pueblos de la zona y concluirán con la Fiesta de La Asunción el próximo 15 de agosto.

La procesión fue una vez más el acto más concurrido. Como es tradicional, el recorrido rodeó la ermita y la Virgen fue seguida por el caluroso fervor que proporcionan los devotos y el intenso calor reinante. La talla de Valdejimena, de metro y medio de alto, sujeta con su mano derecha al Niño, mientras con la derecha acaricia la mano del pequeño.

La dulzaina y el tambor, símbolos de la música tradicional, se convirtieron una vez más en la melodía inconfundible de esta fiesta religiosa. Diferentes personas portaron el pendón de la cofradía y abrieron, no sin dificultad, el camino a la Virgen y a los dulzaineros.

Desde la lejanía, muchos fueron los jinetes que aprovecharon el domingo para honrar a la Virgen y para ofrecer a la vez una bella estampa del Campo Charro con las siluetas de sus caballos.