Mañueco se pone en manos de Fernando Rodríguez para resolver la papeleta de su jefe de policía

El alcalde y el jefe de la Policía Local, el viernes tras aprobarse la comisión de investigación sobre el Grupo SIETE.

El alcalde rentabiliza su decisión de dar al todopoderoso teniente de alcalde el control de Policía y Bomberos: será el encargado de gestionar la defensa del PP en la comisión de investigación del Grupo SIETE y de resolver el informe interno sobre un supuesto fraude del jefe del cuerpo.

Cuando el día 15 de junio Fernández Mañueco anunciaba la composición de su gobierno en minoría saltó a la vista la que tenía que ser una de sus decisiones relevantes: dar a Fernando Rodríguez el control de Policía Local, Bomberos y Protección Civil. El elevado 'ruido' en torno al jefe policial y el desafortunado conflicto con los 16 expedientados del servicio de bomberos reclamaban una mayor atención a dos áreas potencialmente explosivas. Y si ya por entonces había elementos para vigilar de cerca lo que estaba pasando con la Policía Local y para encauzar las relaciones con policías y bomberos, el tiempo no ha hecho más que confirmar la trascendencia de lo que pasa con los dos cuerpos.

 

Así que ahora la decisión de Fernández Mañueco aparece como más que justificada. Y el papel de Rodríguez se antoja vital para neutralizar una de las cuestiones más espinosas de este recién comenzado mandato. Aunque el veterano concejal, muñidor de muchas de las cosas que se hacen en el Ayuntamiento, asegura que todo son rumores y maledicencias, el caso es que el jefe de la Policía Local está detrás de problemas que son reales. Tener al 90% de la plantilla en la calle exigiendo tu dimisión, las quejas de la Policía Nacional por haber ordenado la retirada de un dispositivo en medio de la actuación o la polémica de las órdenes para retirar mendigos de la calle son problemas reales. Y la puesta en marcha de una comisión de investigación, algo casi inédito en el Consistorio, para aclarar qué se está haciendo con el famoso Grupo SIETE tampoco es algo que se pueda tomar a la ligera.

 

Tampoco ayuda el hecho de que, primero, el alcalde negara su existencia a pesar de que su nombre aparece en el organigrama oficial y público de la Policía Local. Y que el informe prometido a la oposición sobre sus actividades no aclare nada sobre las bases legales de su actuación. Una información escasa que poco tiene que ver con los cantos a la transparencia. 

 

El concejal Fernando Rodríguez, en el último pleno, con el micrófono.

 

La puesta en marcha de este grupo, o al menos su cambio de nombre, tiene que ver con la llegada de José Manuel Fernández a la jefatura policial en enero de 2012, de la mano del alcalde. Fue entonces cuando empezó a funcionar un grupo en el que se centran las sospechas de descontrol y malas prácticas y, especialmente, y al margen de la rumorología, el debate sobre su idoneidad. Las funciones que le atribuyen sus estatutos pueden chocar con las que tienen otros cuerpos y fuerzas y, lo más importante, no parecen adecuadas para un cuerpo que está escaso de personal y que atiende otras tareas con menos lujo de personal. La docena de agentes que se dice los componen parecen muchos para proteger al alcalde y la corporación, una de sus funciones.

 

Pero es que hay que ha surgido otro frente. El remate ha sido la información interna, es decir, una investigación propia que el Ayuntamiento le ha abierto al jefe José Manuel Fernández ante la existencia de una denuncia por un presunto fraude al seguro tras un accidente con un coche policial.

 

La situación es difícil y eso justifica la decisión que tomó el alcalde de confiar el control del delicado ecosistema que forman la Policía Local y su jefe al concejal con más experiencia y capacidad. Rodríguez tiene desde hace años la llave de Hacieda y la manija de régimen interior, lo que le da el control de las cuentas y del personal. Ahora, y vistas las intenciones de la oposición, se tendrá que emplear a fondo en la comisión de investigación. Su primera tarea, y del alcalde, explicar a los grupos por qué la oposición tiene que fiarse de alguien del equipo de Gobierno para presidirla.