Los cultivos de regadío acusan el exceso de lluvias, aún insuficiente para pastos y charcas

La campaña de remolacha se salda con un 15% menos de siembra por el retraso en el cobro del cultivo

Las precipitaciones de las últimas semanas han beneficiado a los cereales y a pastos y a charcas pero ya comienzan a tener un efecto negativo en los cultivos de regadío como la remolacha o el maíz, ya que éstas, acompañadas del viento, han perjudicado al desarrollo de la planta, aunque el sector espera que de cara al mes de mayo también se produzcan precipitaciones.

De este modo, en el maíz se está retrasando mucho la siembra porque los profesionales no pueden entrar en las tierras y algunas que ya estaban preparadas para iniciar las labores, se han visto dañadas y los agricultores tendrán que realizar los mismos trabajos una vez más. Pero este hecho también supone que se van a acortar los ciclos del cultivo por lo que lo productores ya saben que los rendimientos se van a ver afectados a la baja.

En lo que se refiere a la remolacha, la siembra ya se ha realizado en su totalidad pero el viento de los últimos días y la cantidad de agua caída en las zonas de regadío, han perjudicado al cultivo en su desarrollo. A este hecho hay que sumarle que se ha sembrado entre un 10 y un 15% menos de remolacha en la provincia, debido a la tardanza en el cobro por parte del agricultor, que hasta diciembre no termina de recibir todo el importe.

Así, a estas alturas del año sí ha percibido el precio fijado para el cultivo y en junio recibirá la ayuda de la Unión Europea y en diciembre la de la Junta de Castilla y León, por lo que este hecho ha desanimado a los productores ya que el futuro del cultivo está en entredicho.

Charcas y pastos necesitan más agua
Por su parte, la otra cara de la moneda son las charcas y los pastos, toda vez que el cereal se encuentra en un estado muy positivo debido a las precipitaciones que han devuelto a la vida unos cereales cuya situación se había tornado muy negra.

Pero lo que no se recupera son las charcas y los pastos ya que han sufrido muchos daños por la pertinaz sequía de los últimos meses, hecho que ha supuesto un coste en alimentación añadido para el ganadero y que es difícil de recuperar pese a que prodigan las lluvias, y el sector lo está pagando caro.