"Los casos de bulimia o trastorno por atracón son mucho más frecuentes que la anorexia"

El doctor David González Parra es especialista en el tratamiento de pacientes con trastornos alimentarios

Los trastornos de la conducta alimentaria afectan mayoritariamente a jóvenes de entre los 10 y los 18 años, un momento crucial en el desarrollo de una persona, entre la pubertad y la adolescencia. El doctor David González Parra, experto en estas enfermedades, observa con satisfacción los avances en la detección precoz.

El doctor David González Parra, psiquiatra, es el coordinador de la Unidad de Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA) del Complejo Hospitalario salmantino, que desde 2008 atiende principalmente a población de Salamanca, Zamora, Segovia, Valladolid y Cáceres, ya que, pese a no ser una unidad de referencia, sí es la única que tiene Hospital de Día, al que se remiten los pacientes de las provincias más cercanas.

 

Hasta este recurso sanitario llegan cada año alrededor de un centenar de personas con problemas en sus hábitos alimentarios: anorexia, bulimia, trastorno por atracón, sobrepreso u obesidad. El doctor González Parra se muestra especialmente preocupado por los casos de obesidad infantil, ya que considera que "es un problema de salud pública muy grave" y, de hecho, mantiene que "hay más casos de bulimias o trastornos por atracón que de anorexia, aunque la realidad es que estos últimos son los más graves".

 

En 2015, acudieron a la Unidad que dirige el doctor González Parra 132 pacientes nuevos en las consultas externas, en primeras consultas y 40 pasaron al Hospital de Día. Una cifra que se mantiene similar desde 2008, cuando se puso en marcha este servicio. Respecto a otros años, no han cambiado mucho las cosas, "la prevalencia, la incidencia y los casos anuales, suele ser muy similar. A pesar de que la gente crea que es un problema cada vez más notable".

 

Los pacientes con trastornos alimentarios plasmas en murales sus terapias

 

Lo que sí se nota es que “son casos cada vez más precoces, es decir, los pacientes son cada vez más jóvenes”, lo cual puede ser positivo porque también indica que la detección precoz está funcionando, “creo que los trastornos de la alimentación ahora se detectan antes, y no es que haya más o sean más graves que hace unos años”, manifiesta el coordinador de la Unidad, “si no que estamos todos mucho más alerta, los profesionales de los equipos de atención primaria están más formados; tanto los pediatras como las familias perciben las señales de alerta porque hay más conocimiento”.

 

No obstante también han llegado a tratar enfermos incluso con más de 50, aunque no es habitual, que han estado entre 20 y 25 años con un TCA oculto “y nadie se había dado cuenta nunca, porque puede pasar desapercibido; si no hay un bajo peso extremo o no se ve cuando vomita se puede ocultar durante años”.

 

Sin duda, los trastornos alimentarios son una enfermedad grave pero a veces se trata de la expresión de otro problema que hay en la familia o el entorno y, como observa el doctor González Parra, "la manera que tiene el niño o la niña de evidenciarlo es con su conducta alimentaria, pero no porque haya una obsesión por la comida o por el cuerpo, sino que es más un problema emocional".

 

La mayoría de los pacientes con trastorno de la alimentación tiene entre 10 y 18 años, lo que abarca desde la pubertad a adolescencia; y son, predominantemente, del sexo femenino, ya que por cada 9 niñas con trastornos de la alimentación se presenta el caso de un varón. Existen causas sociales para explicar este desfase pero también médicas, “el sistema hormonal de una niña es más vulnerable que el de un niño, por eso una misma dieta les afecta de forma muy distinta. El sistema hormonal de la mujer es muy complejo y los estrógenos necesitan de un aporte extra de grasa por eso es más vulnerable a los cambios de alimentación”, explica González Parra. Por tanto “existe una base biológica, no sólo es una cuestión de que la exigencia social sea más dura con el cuerpo de la mujer”.

 

 

PREVENCIÓN

 

La detección primaria y la prevención son determinantes. Pero este profesional opina que no se trata de meter miedo sobre lo que es la bulimia o la anorexia, “eso no suele funcionar con los adolescentes, la prevención es hablar de salud, que los jóvenes vean la alimentación y el ejercicio como algo saludable y la estética corporal como algo también saludable, y trasmitirles que la autoestima no es solo verse bien, si no también sentirse bien, tenemos que enseñares a ver a las personas como algo global no sólo como un cuerpo”.

 

Los adultos, los familiares, deben estar pendientes de la conducta y las emociones de los niños. Es conocido que la adolescencia es un periodo inestable por naturaleza pero hay señales que nos avisan de que algo no está bien. Como detalla este psiquiatra, “hay que fijarse cuando vemos que empeoran, están más irritables, agresivos, incluso tristes y, sobre todo, si vemos aislamiento social, que dejan de lado lo que siempre les ha gustado. Esos detalles son más importantes que estar detrás de si deja o no las lentejas, ahí es donde hay que acercarse al niño para prevenir otros trastornos”, aconseja.  No obstante, también debemos observar posibles cambios en los hábitos de comida, como que dejen de comer algún alimento concreto, fundamentalmente calóricos, o que empiezan a comer muy rápido o despacio o se levanta enseguida de la mesa, o que encontremos restos de comida en la habitación, o se produzcan cambios físicos llamativos”, añade.

 

 

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