Los buitres protagonizan otro ataque en la zona de Vitigudino

Ahigal de Villarino. La llegada de la ganadera a su rebaño evitó que las carroñeras matasen más de un cordero.
MIGUEL CORRAL

Poco después de que este diario se hiciera eco de la denuncia presentada en la Junta Rectora del Parque Arribes del Duero sobre los ataques al ganado protagonizados por buitres, ayer una ganadera de la localidad de Ahigal de Villarino veía con sus propios ojos cómo una bandada de estas rapaces ponían fin a la corta vida de un cordero que acababa de nacer en su rebaño. Según relató a este periódico, María Jesús González Hernández, había dejado las ovejas en una cortina aquí al lado del pueblo y vi que una oveja estaba pariendo; me acerqué un momento a echarle a unas vacas que tenemos a unos 200 metros y desde allí pude ver una bandada de buitres sobre la cortina. No tardé ni media hora y cuando llegué habían matado al segundo cordero que nació, en pocos minutos le habían dejado sin cabeza y sin rabo, y la oveja estaba asustada con el otro cordero”, sostiene.

Estos hechos tenían lugar sobre las 11 horas de ayer y aunque es el primer ataque de buitres que sufre su explotación, “tenemos miedo porque conocemos los casos que se han dando en pueblos cercanos como Encinasola, Villar de Peralonso o La Zarza de Pumareda”, señala.

Para María Jesús, “más que el daño que hemos sufrido ahora, lo que tememos es que se acostumbren a venir y se metan con los becerros y las vacas cuando están pariendo, por lo que a partir de ahora no vamos a estar tranquilos cuando veamos un buitre cerca, y eso sucede a menudo por aquí”. Cabe señalar que la localidad de Ahigal de los Aceiteros se encuentra en las inmediaciones del Parque Natural Arribes, espacio donde han sido denunciados multitud de casos de ataques de buitres en los últimos ocho años, sucesos que han ido a más conforme ha aumentado la población de estas aves que se estima en unas 800 parejas.

Ante los daños producidos al ganado por estos ataques, los ganaderos se encuentran en total desamparo por parte de la Junta de Castilla y León, pues la Administración regional no reconoce a esta especie protegida como depredador.

Ante la denuncia formulada por los ganaderos, el Gobierno regional exige pruebas fehacientes para reclamar una indemnización, tal es el caso de estar en posesión de una fotografía que demuestre que el animal se encontraba con vida en el momento del ataque. En caso contrario, como suele ser habitual dado que el ganadero no acude a su explotación provisto de una cámara fotográfica, la Administración entiende que el animal estaba muerto antes de que se produjese el ataque y por lo tanto no a lugar a indemnización.

Buitres sin comida
La normativa surgida a raíz de la enfermedad de las vacas locas (Encefalopatía Espongiforme Bovina) por la que quedó prohibido el depósito de animales muertos en el campo, motivó la aparición de los primeros ataques de buitres al ganado vivo en explotaciones, una situación que ha ido aumentando a medida que están siendo clausurados los vertederos, lugares donde muchos animales acudían para alimentarse y que, como en el caso de las cigüeñas, han motivado una explosión demográfica de estas especies, además de otras pequeñas rapaces.

En estos momentos el Parque Arribes acoge a más de 800 parejas de buitres, entre otros carroñeros, y únicamente han sido habilitados tres muladares para su alimentación. Éstos están situados en las localidades de Saucelle, San Felices de los Gallegos y Aldedávila de la Ribera, pero al margen de que resulten escasos, el grave problema viene porque desde la Junta de Castilla y León no se facilita a los ganaderos la recogida en sus explotaciones de los animales muertos que pudieran tener como destino estos muladares.