Los animales de Salamanca reciben la bendición de San Antón

Foto: T.G.
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La eucaristía será a las 12 en la Iglesia de los Capuchinos, mientras que el parque aledaño acogerá la tradicional bendición, este año a cargo del padre Javier Etxenike.

La Iglesia de los Capuchinos y el Campo de San Francisco han sido este sábado, 17 de enero, los dos principales lugares para la celebración de la festividad de San Antón. Los actos se iniciaron a las 12 horas, con una eucaristía en el templo situado en la calle Ramón y Cajal y continuaron con la tradicional bendición de animales en el parque aledaño.
 

En esta ocasión y por vez primera, el encargado de realizar este acto ha sido el religioso capuchino Javier Etxenike, que ha sustituido al también capuchino Domingo Montero, quien se encargó durante el año pasado de dedicar los "buenos deseos" a los animales en el inicio del año. "El Señor bendiga a este animal y que San Antón le proteja de todos los males del cuerpo", ha sido la frase con la que los animales han recibido los buenos augurios para el año.

 

¿QUIÉN ERA SAN ANTÓN?

San Antonio Abad era un monje ermitaño egipcio que nació en el año 250, hijo de acaudalados campesinos, repartió su herencia entre los pobres y se retiró al desierto.

 

Cuenta la leyenda que un cerdo salvaje decidió acompañarle toda su vida, una vez que el Santo le otorgó el milagro de devolverles la vista a sus jabatos. Por eso estamos acostumbrados a una representación de San Antón con un cerdo domado a sus pies, una imagen que le convierte en el protector de los animales. Se cree que la tradición del cerdo de San Antón se remonta al menos a la Edad Media, ya que era costumbre de hospitales y hospederías soltar sus animales para que pastasen libremente por los alrededores. Para evitar que cualquier desalmado los robase, era habitual ponerlos bajo la tutela del Santo.

 

Desde mediados del siglo XVIII, la festividad se celebra en nuestro país con populares romerías que invitan a salir a la calle, encender hogueras, organizar mercados y, por supuesto, desfiles de animales y peregrinajes para la bendición o asistencia a celebraciones religiosas. Según manda la tradición, una vez bendecido el animal, el dueño recibe un panecillo o bollo del Santo que, elaborados con una fórmula secreta que los mantiene tiernos durante bastante tiempo, deben ser guardados junto con una moneda en el armario hasta el año siguiente.