Los altares y el tomillo reviven una fiesta en honor al Santísimo

Era una de las fiestas más esperadas y no defraudó a nadie. Cientos de turistas, visitantes y vecinos se dieron ayer cita en La Alberca para disfrutar, un año más, de la celebración del Corpus.
Lorena Lago

Las calles de la localidad serrana se engalanaban desde primeras horas con sus mejores ropajes, unos altares que servirían luego para darle vistosidad a una fiesta legendaria y sobre todo emotiva para sus protagonistas.

Pasadas las once de la mañana el abad y los mayordomos albercanos eran recogidos en sus domicilios para acudir a la celebración religiosa, oficiada por el párroco de la localidad, a la que siguió la tradicional procesión.

El olor a tomillo, a romero y a pétalos de rosa invadía cada uno de los escenarios que posteriormente serían centrales en esta celebración. Así, uno a uno los fieles fueron acompañando al Cuerpo de Cristo que bajo palio fue llevado de uno a otro rincón del municipio. En el mismo las autoridades y unos vecinos que gozosos disfrutaban con contenida emoción. El recorrido contó este año con seis paradas, las realizadas en la Plaza, la fuente La Balsá, la plaza de San Antonio, la calle El Chorrito y el Barrio Nuevo para terminar en el Solano Bajero, lugar en el que se instaló el atrio sobre el que tendría lugar el tradicional ofertorio.

La celebración estuvo presidida por el abad, que en esta ocasión fue el edil de Cultura Jesús Pascual, y contó con la presencia, por primera vez en la historia, de una mujer como mayordoma, María Jesús Pascual, que acudió arropada por José Alberto Lucas, el segundo mayordomo. Como en ocasiones anteriores, los balcones lucieron esplendorosos con paños, colchas, mantones, flores y un buen número de antiguas reliquias que los vecinos sacaron a la calle para que pudieran ser contempladas.

Un día muy emotivo para los visitantes, que disfrutaron de la belleza de un pueblo que si estar engalanado ya es hermoso pero sobre todo para los albercanos que esperan impacientes cada primavera la llegada de la que es, posiblemente, su fiesta más importante tras la Virgen de la Asunción.