Los agricultores confían en que la industria se haga cargo de las ayudas que ha suprimido la Junta

El sector continúa indignado por la supresión de las ayudas de la Junta desde la pasada campaña y como mínimo la del año que viene
Los recortes en los presupuestos de la Junta siguen dando que hablar, y más en concreto los que se refieren al sector agroganadero. Por ello, los agricultores de remolacha de la provincia de Salamanca mantienen su indignación por la supresión de la ayuda de tres euros por tonelada que completa los 40 euros que reciben los profesionales y que dejarán de percibir desde la pasada campaña.

Así, y según señalan algunos agricultores a este diario, “primero la Junta nos dijo que cobraríamos las ayudas de 2011 en el mes de octubre de 2012 y ahora ya no lo vamos a cobrar sin avisar ni nada, estando publicado en el Bocyl”, destacan.

Ante esta situación, los agricultores tienen la esperanza de que sea la industria la que aporte esos tres euros por tonelada “porque aun haciendo eso sigue sin perder dinero y si quiere que el cultivo siga en pie tiene que hacer algo. No sé si lo hará en la pasada campaña pero en la actual y de cara al futuro debe hacerlo”, señalan agricultores afectados.

Si ya ha descendido de manera notable la superficie sembrada de un cultivo que hace años era la ‘estrella del mercado’ por este hecho, al que hay que sumar el valor de los cereales, en un futuro no muy lejano y si nadie toma cartas en el asunto, la práctica totalidad de los agricultores podrían dejar de sembrar este cultivo ya que solo siembran el cupo establecido.

Además, para que la remolacha sea rentable deben conseguirse producciones muy elevadas, superando las 110 toneladas por hectárea porque si no la rentabilidad dejará de existir y todo se tornará en pérdidas. De los 40 euros actuales que recibe el productor por tonelada, 26 corresponden al precio oficial marcado por la industria y el resto se desprende de ayudas de la Junta (que ya se han suprimido) y otras de la Unión Europea.

De este modo, el futuro de este cultivo azucarero está en más entredicho que nunca por la falta de rentabilidad que supone producir.