Lecciones de historia de Miróbriga como aperitivo del Martes Mayor

Teatro Nuevo. Paco Blanco, etnógrafo y director del Instituto de Identidades Culturales de la Diputación pregonó ‘Meditaciones de Mercado’. Lirismo. “Esta tierra me sostiene de los vaivenes de la vida”, dijo
MONDRIÁN / DAVID RODRÍGUEZ

De cada guerra, la ciudad sacó algo positivo”, recoge en su pregón Francisco Blanco. Para él en los mercados “han sido materia de primera importancia el gesto y la palabra, el apretón de manos y el buen provecho”.

El director del Instituto de Identidades Culturales de la Diputación de Salamanca, el etnógrafo Francisco Blanco, pronunció anoche el pregón del Martes Mayor 2010. En un Teatro Nuevo con una buena entrada, y con todas las autoridades municipales, Blanco pronunció un pregón titulado Meditaciones de Mercado. En él recordó su infancia en el municipio de Villar de la Yegua, en el Campo de Argañán, reseñando cómo “esta tierra me sostiene en los vaivenes de la vida” Blanco recordó su “edad de la inocencia en esta tierra”, presumiendo de “haber segado a mano, o haber acarreado con una pareja de burros”, en definitiva “haber podido hacer compatibles la Edad Media y el siglo XIX”. Esto hizo que se identificara “con la tradición popular, aprendiendo cada día de todos los sabios que la han mantenido viva”. Para él, la tradición es “algo vivo, en permanente evolución”.

El pregonero considera que hablar de tradición en Ciudad Rodrigo “es hablar de una identidad plural y secular, pero vigente”, incluida la “elaboración de fiestas de nuevo cuño, como el Martes Mayor”. Piensa que la “única enfermedad que aqueja a la fiesta de Miróbriga es su condición verdadera, su autenticidad; Ciudad Rodrigo es el mejor ejemplo de cómo se ha construido desde la huella de la guerra un itinerario de esperanza”. Así ocurrió también cuando se aprovechó el privilegio concedido por Isabel la Católica en 1475 para celebrar un mercado franco: “Hilvanó su futuro de esperanza a finales del siglo XV con este privilegio”. Ahora que se cumple el Bicentenario de la Guerra de la Independencia, ha vuelto a dar una lección, convirtiendo la conmemoración del sitio “en un pretexto para proyectarse de nuevo a España y a Europa”. Blanco resaltó que “parece como si la ciudad reforzase sus señas de identidad de tanto en cuanto, empleando la guerra para configurar su identidad”.

Refiriéndose a los mercados, Blanco relató cómo “podemos encontrar cualquier manufactura, y nos permite descubrir comportamientos y actitudes”. En ellos “han sido materia de primera importancia el gesto y la palabra, el apretón de manos y el buen provecho”, y son “delta de conocimientos ancestrales; al mercado llega el triunfo de la sabiduría secular, en que se abona la vida cotidiana”.

Blanco también recordó a la mujer, considerando que “esta ciudad había salvado la corriente de su historia con piedras angulares femeninas”, como la reina Isabel, por conceder el mercado, o Lorenza Iglesias. El pregonero también realizó una loa y canto al comercio, para lo que se sirvió del refranero popular español.

Paz, concordia y progreso
Blanco espera que “este Martes Mayor anuncie otro tiempo: el de la paz y la concordia, el del progreso bien entendido”. “Ojalá que la prosperidad de Ciudad Rodrigo, tan bien representada en el comercio, dé mucho y provechoso fruto en estos tiempos difíciles” añadió.

Hubo un recuerdo para el verraco, “inmune a la ignominia de quien creyó ser capaz de teñirlo de su propia ignorancia”, y cerró su intervención con unos versos del que fuera Canónigo de la Catedral de Ciudad Rodrigo, Joaquín Román Gallego, en boca del ciego Sabino. “Aunque soy un pobre ciego/ Para ver me sobra vista/ Que a Miróbriga le debo/ El corazón y la vida”.