Las listas de espera, la cara y la cruz de la sanidad

 
Si de algo hay que sentirse extremadamente orgullosos en este país es del modelo de sanidad pública, por muchos problemas que arrastre y por muchos aspectos que todavía deban mejorarse. Dicho esto, hay que insistir una vez más en la necesidad de invertir el tiempo y el dinero que sean necesarios y factibles para mejorar las listas de espera quirúrgicas. Los datos del primer trimestre demuestran un nuevo retroceso en la mejora que se había venido registrando en los últimos años. Ahora, casi 4.400 salmantinos tienen pendientes una operación, lo que supone casi un 12 por ciento más que a finales del pasado año. La cifra, que no es buena, mejora la situación que había en abril del pasado año, cuando los pacientes ascendían a 3.533 y la media de espera era de 45 días. Sin embargo, los datos son, en este caso, más fríos que en cualquier otra estadística, porque esconden desgracias personales, sufrimiento, peor calidad de vida y una situación que se deteriora cada hora. En este sentido, sería conveniente extremar el trato personal y valorar más cuidadosamente aquellos casos que requieran una intervención más urgente, no sólo por la gravedad de las dolencias, sino también por otro tipo de circunstancias, lo que evitaría mayores riesgos a la hora de afrontar la operación. Un terreno tan delicado como la salud, con un elevadísimo presupuesto, obliga también a los ciudadanos a realizar un ejercicio de responsabilidad a la hora de afrontar los tratamientos con serenidad, comprensión y confianza, pero también con la exigencia de toda la información que sea posible y necesaria.