“Las diez últimas jornadas han sido una pesadilla que espero no volver a vivir”

LA CAUSA DE SU ADIÓS. “Tenemos 24 puntos, uno por partido y eso es una marca insuficiente para mantener la categoría”
TERESA SÁNCHEZ
Óscar Cano se despidió ayer de la UDS. Lo hizo primero de sus jugadores y después de todo el unionismo a través de los medios de comunicación. Lo hizo en una rueda de prensa en la que pidió estar acompañado por Luis Bonilla –según dijo para reconocer públicamente su trabajo–, y en la que estuvieron también los vicepresidentes del club, Sergio Pérez y Paco Caste.

Intentando que la sonrisa aflorara pero con unos ojos que evidenciaban tristeza, Cano habló de sentimientos, de fútbol y de las razones de su despido.
¿Cómo se siente Óscar Cano?
Hay un montón de sentimientos. El primero es que estoy jodido porque es una situación poco deseable en un profesional. Por otra parte, tranquilo por haberlo intentado y, además, con el deseo de que esos jugadores determinen con su rendimiento que el Salamanca va a seguir en la categoría.

¿Qué le han dicho los jugadores?
Simplemente ha sido una despedida de lo más sencilla. El protagonismo ahora recae sobre ellos, sobre su rendimiento y capacidades, y les he pedido que a la persona que tenga que sustituirme le faciliten las cosas tanto como me las han facilitado a mí. Ése será el punto de partida.

¿El fútbol ha sido injusto con su trabajo?
El fútbol ha sido desagradecido en esta ocasión y en otras ha sido agradecido. Me gusta valorar las cosas en general y me voy con la sensación de que el equipo ha estado inmerso en dos dinámicas absolutamente diferentes y que al final el equipo está en descenso, tiene 24 puntos, que se ha conseguido un punto por partido y eso es una marca insuficiente para mantener la categoría que es por lo al final me ausento de mi cargo. Yo no le pido nada al fútbol. Sé que es un juego, que es un deporte sometido a muchas variables y algunas pueden caer a favor y otras en contra. Me queda la tranquilidad de que nosotros hemos dado el máximo de lo que teníamos. En este caso ha sido insuficiente pero puedo decir que dando la mitad en otros equipos hemos conseguido estar muy por encima de los objetivos que nos fijaron.

¿Qué ha llevado a no ganar?
No lo sé porque tampoco sabía en qué acertábamos en catorce jornadas. Se pueden extraer conclusiones y al final siempre se buscan razones pero la vida no es así. No se sabe por qué pasan ciertas cosas. Nosotros semanalmente hemos analizado el rendimiento del equipo, hemos tratado de poner solución a aquello que considerábamos que no se estaba haciendo suficientemente bien y hemos tratado de reforzar lo que se venía haciendo bien. Luego nos podemos acordar de factores, pero soy una persona que no miro al pasado.

¿Qué vestuario se va a encontrar el que llegue?
Uno maravilloso. Ayer tanto Luis como yo no paramos de recibir mensajes y todos eran de jugadores de ese vestuario. Si todavía son capaces de querer y respetar un trabajo y valorar a las personas que los han dirigido cuando van diez jornadas sin ganar, después de que muchos de ellos no han tenido la confianza para jugar, imaginad lo orgullosos que estamos y el nivel de ese vestuario.

¿Con qué se queda de estos meses?
Con la experiencia, con amigos y con la sensación de que estas diez últimas jornadas han sido una pesadilla que espero no volver a vivir. Son cosas que pasan en contadas ocasiones en el fútbol y nos ha tocado como antes nos tocó la parte bonita. De esta parte te aseguro que sacaré las conclusiones pertinentes.

¿Es un alivio dejar la pesadilla?
No. A mí me encantaría estar ahora entrenando porque soy el responsable principal de lo que ha ocurrido y, por tanto, me gustaría poder enmendarlo. También comprendo que la confianza de los dirigentes de este club ha sido grande, ha sido larga y en algún momento se tenía que acabar. La confianza también tiene caducidad.

¿Ha entendido la decisión?
Por supuesto.

¿Si tuviera capacidad de gestión habría tomado la misma decisión?
Nunca y por eso nunca podré tener la gestión de un club. Comprendo que el mundo está así montado y que aquí se ha sido excesivamente paciente para lo que impera. Eso hay que agradecérselo al presidente, a Balta y al resto de consejeros pero yo creo en otras cosas que posiblemente en el mundo del fútbol no pueden aplicarse. No seré nunca presidente ni dirigiré un club pero si lo hiciera el entrenador sería Luis Bonilla y estaría en el club hasta que dejara de existir.

¿Cuál es la realidad del Salamanca. Las primeras catorce jornadas o las diez últimas?
Ninguna de las dos. Esto es como una baraja en que al principio te encuentras todos los palos ordenados y cuando se puede jugar es cuando las mezclas. La realidad del Salamanca es así. Puedo ser un entrenador que ha batido un récord positivo, y eso no me lo creo, y soy un entrenador que ha batido un récord negativo, y tampoco me lo creo. La realidad es que el equipo ha hecho un punto en cada jornada y para que esto se arregle tiene que venir alguien que haga más de un punto por jornada. Así de claro.

¿Le habría gustado que estuviera el presidente en esta despedida?
Me gustan las despedidas personales y que la gente me mire a la cara. Ayer lo hizo y, por lo tanto, no tengo nada que reprocharle. Agradecerle la confianza que ha demostrado en mí y que sea un presidente, en ese sentido, atípico por poder aguantar bajo viento y marea. No es usual.

¿Sigue viendo al equipo capacidad de reacción?
Claro. Ya me jugué un ágape y me lo vuelvo a jugar. Apuesto a que el equipo el sábado gana.

¿Es la Segunda que esperaba?
Es como me habían contado. Lo que pasa es que obvié determinadas cosas que estoy seguro de que se pueden hacer. A mí me decían entrenadores que en esta categoría no se puede jugar bien y yo insisto en que sí se puede. Hay un equipo como el Girona, sin gran presupuesto, que está jugando muy bien al fútbol. Eso me lleva a pensar que se puede jugar bien aunque las primeras hostias me han caído porque dicen que no se puede hacer. Encima estoy convencido de que es el único camino para ser feliz en esto.