Las apuestas de Joachim Löw

Ala espera de lo que ocurra el miércoles en la semifinal contra España, ahora no hay prácticamente nadie en Alemania que dude de que el seleccionador Joachim Löw ha tomado las decisiones correctas en el camino hacia el Mundial y en el torneo mismo. Pero el recorrido previo estuvo lleno de apuestas arriesgadas y de tribulaciones generadas por bajas importantes.
EFE / Berlín

Las apuestas que más dudas generaron fueron las realizadas a favor de Miroslav Klose y Lukas Podolski, que venían de jugar con sus respectivos clubes una temporada para olvidar. Klose estuvo relegado al banquillo en el Bayern y, hasta el momento en que se concentró la selección, estaba claramente por debajo de su forma habitual. Podolski tuvo una temporada desastrosa en el Colonia. Löw, sin embargo, insistió en los dos jugadores y, ante las preguntas al respecto, respondía que siempre habían dado un buen rendimiento con la selección y que él sabía que el Mundial iban a volver a darlo. Ya nadie habla de que, en lugar de Klose, Kevin Kuranyi debía estar en la convocatoria o de que Stefan Kiessling debía ser el titular.

Otra apuesta de Löw fue la de desplazar a Bastian Schweinsteiger al centro del medio campo. En esa decisión el propio Löw tuvo dudas, no porque no viera a Schweinsteiger en esa posición, sino porque no tenía claro quién podía sustituirlo en la banda derecha.

Entonces surgió Thomas Müller, con 20 años y poca experiencia, y Löw lo hizo debutar en un amistoso contra Argentina –aquel en el que Maradona lo confundió con un recogepelotas– , le dio dos amistosos más y lo llevó al Mundial, donde –otra apuesta más–, lo hizo titular con apenas tres partidos internacionales a la espalda. Schweinsteiger se ha mostrado más valioso en el centro que en la banda y Müller se ha convertido en una de las figuras del Mundial.

Otras apuestas, que muchos consideraron suicidas, se dieron en los descartes. Al caso Kuranyi, que había hecho una gran temporada en el Schalke, se agregó el de Torsten Frings. El argumento de Löw era que ninguno de los dos jugadores tenían las características que el necesitaba para su sistema. La decisión contra Frings fue seguida de tribulaciones. Primero, Thomas Hitzlperger tuvo un bajón que lo dejó por fuera de la convocatoria. Michael Ballack se lesionó, lo mismo que Christian Träsch. Sólo quedaban Schweinsteiger y Khedira para esa posición. Löw decidió que eran suficientes y que, en el caso de una lesión o de una sanción, se podía reaccionar modificando el sistema. Y, después, está Özil, que no es ninguna apuesta puesto que ya había despuntado en el Gelsenkirchen.