La zanja abierta en la calle Vitoria o la trinchera de los vecinos de Gamonal

Diez mil personas intensifican la protesta. Los vecinos del barrio burgalés de Gamonal no quieren que el Ayuntamiento convierta la calle Vitoria en un bulevar y no cesarán en su lucha hasta que el proyecto desaparezca.

La brecha abierta en la calzada de la calle Vitoria es utilizada metafóricamente como una gran barricada donde los vecinos del burgalés barrio de Gamonal permanecen apostados noche y día para impedir que las obras que convertirían esta popular artería de la ciudad en un paseo bulevar puedan convertirse en una realidad. 

 

En ocasiones hay que frotarse los ojos para reconocer que la estampa se produce en Burgos y no cualquier ciudad asolada por una guerra. La montaña de escombros y el resultado de la batalla campal de noches anteriores, con cajeros y cabinas reventadas, o casetas de obra calcinadas, hacen que la imagen se convierta en una escena dantesca. Un escenario que bien podría haber firmado el propio Roman Polański, en 'El Pianista'.

 

En la quinta noche de protesta fueron más de diez mil personas las que tomaron la calle. No se creían el anuncio efectuado dos horas antes por el alcalde de la ciudad, Javier Lacalle, de paralización del proyecto. “Si lo ha paralizado por qué siguen los antidisturbios aquí; que se vayan”, eran algunas de las consignas lanzadas por los manifestantes.

 

“Lo que tiene que hacer es tapar el agujero y dejar la calle como estaba”, decía un grupo de jóvenes, quien aseguraban sentir “auténtico miedo” ante la represión policial. “Las detenciones han sido indiscriminadas, les ha tocado a ellos pero podíamos haber sido cualquiera de nosotros”. “No somos asesinos, somos vecinos”, gritaban algunos.

 

 

Esta quinta noche no tuvo altercados graves. Varios grupos de manifestantes controlaron a los más exaltados para que la sangre no llegara al río. Pero en varios momentos pudo estallar el enfrentamiento. Especialmente cuando un joven fuera de sí se lanzó contra uno de los vehículos antidisturbios y empezó a golpearlo. Enseguida fue neutralizado por un grupo de manifestantes, que no quieren que su protesta vuelva a desencadenar actos vandálicos.

 

“Queremos una protesta pacífica y no vamos a permitir que ningún ultra nos arruine nuestras reivindicaciones”, decía un hombre de mediana edad, quien recriminaba a otro manifestante el lanzamiento de una botella. Muchos cánticos contra la Policía y a algunos contra los medios de comunicación a los que indiscriminadamente se les acusa de manipulación.

 

Un encapuchado recriminaba a un redactor de Tribuna su trabajo. “Habéis venido a contar mentiras, luego diréis que somos cuatro o cinco”, al tiempo que impedía la labor de nuestro cámara. Otros muchos, sin embargo, reconocían que sin la repercusión que ha tomado el conflicto en la prensa, la manifestación no hubiera servido de nada. Algunos acusaban a las autoridades de utilizar inhibidores de frecuencia para que no se pudieran subir fotos a las redes sociales. Sin embargo este periódico pudo twitear gráficamente algunos de los momentos más relevantes de la noche.

 

Después de varias horas, los manifestantes -en previsión de que la protesta podría alargarse hasta varias horas de la madrugada- comenzaron las negociaciones con la Policía, que tuvieron su fruto pasadas las once de la noche. Los manifestantes se comprometían a la retirada, mientras que los fuerzas y cuerpos de seguridad del estado comenzaban su repliegue. Minutos después, la calle recuperaba la tranquilidad, aunque tan solo por unas horas.  

Ver album