La vergüenza de las ruinas del teatro Bretón

 
Una sentencia del Tribunal Superior de Justicia ha decidido que continúe paralizado el derribo del teatro Bretón, al entender que no tendría sentido permitir su demolición mientras se resuelve otro procedimiento judicial sobre si la licencia municipal vulnera la protección del edificio. Seguramente el juez tenga razón con las leyes en la mano, pero a los ciudadanos de Salamanca y a los turistas que vienen a esta bella ciudad les resulta absolutamente incomprensible un solar lleno de ruinas, foco de suciedad y de peligro, una imagen, en definitiva, que demuestra que algo se ha hecho rematadamente mal. Quizá hubo que salvar el Bretón a su debido tiempo, quizá debieron intensificarse los contactos para convertirlo en un centro cultural, quizá alguien debió poner algo más de su parte para no borrar de un plumazo la bella historia de este bello teatro. Pero no se hizo. Cuando una empresa privada compra el inmueble y decide derribarlo para construir una residencia y un párking, solicita el permiso de derribo y lo recibe porque no hay ningún tipo de protección especial, y entonces una jueza, a instancias de los defensores del teatro, paraliza las máquinas cuando ya llevaban horas culminando una muerte anunciada. La consecuencia es un teatro que ya no se puede salvar, unas ruinas de vergüenza en el centro de la ciudad, y un proceso judicial absurdo que pone en evidencia los errores que se han ido cometiendo tras el cierre de los cines. Ahora sólo vale pensar en un futuro digno para un solar que da pena mirarlo.