La venganza, en plato frío

Avenida no se merecía perder por 19 puntos ante un equipo al que hace apenas dos semanas derrotó por semejante diferencia en la Copa de la Reina. La pareja formada por Lucas y Bravo, a las bravas, provocó un accidentado final de las salmantinas. La distancia en el marcador, de hecho, no fue nunca tan amplia hasta que decidideron convertir sus silbatos en protagonistas. Dicho esto, tampoco sería justo asegurar que las charras se tendrían que haber llevado el partido. Ni mucho menos.
José Ángel Sanz

A Avenida le costó tanto entrar en el encuentro, que cuando su maquinaria se puso en marcha Rivas ya dominaba con una soltura que sólo dejaba pensar en lo peor. Dos primeros cuartos para olvidar, errando todo lo posible, en especial desde los puestos exteriores, y en una corriente de desidia que habría que analizar con detalle. No es este equipo un conjunto que se pueda permitir el sesteo de los grandes, de los que atesoran tanto talento que pueden dormitar hasta un último cuarto en el que sacan la maza y sentencian. Su guerra es otra, necesita sufrir, como todos, apretar en defensa desde el salto inicial, y escuchar a Jordi Fernández hablar después del encuentro lo deja claro.

Valga un dato: de los 20 puntos firmados en los dos primeros cuartos –sí, han leído bien– sólo seis, de Silvia Domínguez, correspondían a las jugadoras exteriores. El resto era obra de las dos interiores, unas Willingham y Lyttle que, como es costumbre, terminarían el encuentro con las mejores valoraciones del equipo. En especial en ataque era donde las locales tenían los problemas. La espesura era tal que el planteamiento de defensa individual con ayudas a los bloqueos exteriores que planteó Javier Fort le valía y le sobraba a las ripenses para cobrarse un amplio margen. En la otra canasta, la descarada Anna Cruz y una eficiente Dubljevic –gran encuentro el suyo– lideraban el ataque rival.

Malas sensaciones ofrecía Avenida, que en al tercer cuarto salió con la misma defensa individual, pero esta vez mordiendo en los bloqueos y cerrando con más contundencia el rebote. Nobleza obliga. De Mondt anotaría el único triple de los seis intentos de la aciaga tarde para poner un esperanzador 34-47. La posibilidad de remontar hacía acto de presencia tras muchos minutos de desánimo y alguna mala cara. Se alzaban los brazos, se hablaba en defensa.

Por un momento pareció que el partido iba a ser otro y que las locales podían. Espejismos. Con 38-49, en el mejor momento, Eldebrink encestó un triple lejano y aplacó los ánimos. Willingham, a lo suyo en la pintura y la mejor de las suyas, estrechó con un triple para el 41-52 y el tercer cuarto se despidió con Rivas 11 tantos arriba, una ventaja que sabría acrecentar en la recta final. Entre otras cosas, porque las de Jordi Fernández flaquearon en la defensa de Joens y Dubljevic y eso les pesó demasiado. La primera logró 19 tantos de excepción, de los que valen más porque llegan en momentos clave. La segunda fue un filón a pesar de arrastrar cuatro faltas personales durante muchos minutos. Del juego exterior salmantino no hubo buenas noticias salvo por la capitana Domínguez, incluidas unas De Mondt, Torrens y Xargay desconocidas. El 4/20 en tiros de tres al final del partido es elocuente. Al escaso acierto se le sumaron las citadas decisiones arbitrales, quizá la más clamorosa una antideportiva a Isa Sánchez que enloqueció a la grada, ayer intachable en su apoyo al equipo. Jordi, con otra sanción, pagó por la osadía de salirse del espacio delimitado para su labor. El accidentado final fue el peor broche posible para una derrota que deja algunas dudas y al equipo tercero.