La UDS, ese salvavidas

Es cuestión de hacérselo mirar, porque no es la primera vez que la UDS se deja puntos por el camino por haber permitido a su rival vivir cuando ha tenido ocasión para matarlo. Ayer, en la primera parte, su falta de acierto de cara a puerta perdonó a un Betis devaluado que salió, o medio salió, de su crisis a costa de los charros.
David gutiérrez / Sevilla

Aunque el equipo unionista quizás comenzó demasiado respetuoso con el rival y con serias dificultades para sacar el balón con fluidez por la distancia entre la zaga y los mediocentros, pronto se dio cuenta que podía hacerle daño y supo lo que debía contener de su rival para sacar adelante los apuros. El Betis cargaba su juego por su costado izquierdo con Caffa, mientras que los charros hacían daño en la distancia existente entre el doble pivote y el centro de la zaga. En la primera ocasión en la que lo aprovechó sacó una falta a unos cinco metros de la frontal que Hugo Leal estuvo cerca de transformar en el minuto 12. Poco después, era Linares el que ajustaba demasiado un disparo que se marchó a córner.

El partido se equilibró y, aunque no tenía brillo por las excesivas interrupciones y por los errores en el pase de unos y otros, al menos sí era disputado. Y en ese cuerpo a cuerpo, verdaderamente el Salamanca salió beneficiado de los nervios del Betis. Aunque el balón era más local, no lograba hacerlo circular y en cada recuperación el Salamanca montaba contragolpes peligrosos que hacían mucho daño. Rossato, bastante activo por su costado, peleó un balón pasada la media hora y puso un centro peligroso que Linares remató en el corazón del área, despejando Rivas. Apenas un minuto después, Goitia se vio obligado a intervenir en un centro chut de Gañán que ya se colaba. Y prácticamente en la acción seguida Toti disparó al palo izquierdo de Goitia. Esas tres oportunidades consecutivas desquiciaron al Betis y el Salamanca lo aprovechó para hacerse el amo del encuentro, con mayor presencia de Hugo Leal y sobre todo, las apariciones de Perico, Kike y Toti. El público se le echó encima a los verdiblancos y Tapia buscó la solución con un cambio antes del descanso.

Sí salió algo más atrevido el Betis en la segunda mitad, pero sus llegadas al área se contaban por centros desde la banda que eran repelidos por la zaga. El Salamanca, por su parte, acumulaba demasiados jugadores por detrás del balón y salía a la contra con muy pocos efectivos. El dominio inicial del Betis cargó de trabajo a la zaga unionista y en una de esas aproximaciones, después de dos córners consecutivos, el segundo de ellos precedido de un error del colegiado, Caffa colocaba el balón para la entrada de Carlos García, que le ganó en el salto a Gañán y llevó el balón al fondo de las mallas. El tanto envalentonó a los béticos que en otra acción de potencia comandada por Juanma, acto seguido, pudo marcar el segundo. Oliva optó por darle más velocidad al ataque con el cambio de Perico por Cuéllar, pero el encuentro estaba seriamente complicado porque el Betis juntó líneas.

El conjunto verdiblanco, sin desplegar un fútbol fluido, era capaz de dominar al Salamanca y de crear peligro ocasionalmente. La oportunidad más clara la tuvieron en una segunda jugada procedente de un libre indirecto dentro del área que Biel solventó con una buena intervención poco antes de la media hora de juego. Respondió la UDS con un cabezazo en semifallo de Goiko que detuvo Goitia. El encuentro se llenó de transiciones e imprecisas y de llegadas al área que solventaban los guardametas. Las de la UDS, protagonizadas por un Kike con gasolina de sobra al que, una vez más, le faltó el gol. También Laionel, cuando entró por la derecha, hizo peligro. En una de sus acciones el balón fue Cuéllar que llegó forzado y disparó alto.

El Betis, muy necesitado, se echó atrás y permitió el empujón final de los unionistas. Fueron cinco minutos de quiero y no puedo que terminaron en final feliz para los locales, que incluso pudieron marcar en una clamorosa ocasión fallada por Dani. Ahora, la UDS debe centrarse en los tres partidos seguidos en casa. Por ahí pasa poder ilusionarse.