La UDS, con toda una ciudad detrás, a por una permanencia vital en su futuro

Con tintes de auténtica final. En un estadio Helmántico repleto recibe al Real Betis, que persigue su ascenso a Primera división
Teresa Sánchez

Es tiempo de fútbol. Mientras millones de ojos miran hacia Sudáfrica desde todo el planeta tierra buscando al gran campeón, en muchas provincias de España hoy, a partir de las 18.00 horas, no habrá espacio para pensar en los Messi, Ronaldo, Torres, Robben o Kaká. La mente y el corazón estarán junto a futbolistas mucho más modestos, con objetivos no tan inmortales como ceñirse la corona mundial pero probablemente sí más relevantes para el devenir no sólo de muchos clubes sino también de muchas ciudades y, entre ellas, Salamanca.

Al margen del aspecto meramente deportivo, la relevancia del fútbol es incuestionable en el ámbito social y, sobre todo, económico. En muchos países el balompié está inmerso en la cultura nacional y diferentes aspectos de la vida giran en torno a él. Se publican diarios y revistas de fútbol, hay programas de radio exclusivos, canales de televisión... Se ha comprobado que un partido cambia los estados de ánimo e influye en amplios sectores de la población. La victoria en un gran torneo trae felicidad a la comunidad local o al país. Inversamente, la derrota puede provocar lo contrario en la población. En algunos casos, los expertos hablan de auténtico síndrome de abstinencia de fútbol cuando acaba la temporada. Y todo esto sin hablar de la repercusión económica que para una localidad supone la presencia de un club de primer o segundo nivel.

Por eso, cuando se mira hacia un encuentro como el de esta tarde en el estadio Helmántico, la trascendencia del resultado justifica hablar del partido del año. Unión Deportiva Salamanca y Real Betis Balompié se juegan, cada uno a su manera, demasiado en el envite. Los unionistas buscan tres puntos que casi aseguran la permanencia en la categoría de plata y, con ello, su supervivencia. De otra forma, con las deudas acumuladas y fuera del fútbol profesional, la viabilidad de la entidad salmantina quedaría en entredicho. Es verdad que todavía resta una jornada y el equipo seguiría dependiendo de sí mismo y de un buen resultado en Villarrealpara seguir en Segunda, pero aprovechar el primer match point evita el riesgo de jugárselo a cara o cruz.

Acuciado también por su deuda y por las exigencias propias de uno de los clubes con mayor presupuesto de la categoría –por no hablar de su historia–, el Real Betis daría un paso si no definitivo, casi, hacia la bonanza que ofrece el ascenso.

Demasiado en juego como para que alrededor de este encuentro no exista un ambiente de gala, de auténtica final. Ni los más viejos del lugar –y menos con el Salamanca en Segunda–, recuerdan un estadio Helmántico repleto hasta la bandera con mayoría de aficionados blanquinegros pero con una importante masa verdiblanca en su grada. Las dos aficiones saben de la importancia de este encuentro, de una trascendencia más allá de un resultado al final de los 90 minutos.

Y también lo saben los componentes de los equipos. Los unionistas, de la mano de Jorge D’Alessandro, han sabido recomponerse como equipo y vivir al filo de la navaja para superar varias finales y acabar dependiendo de sí mismos. Una fe que ha contagiado a una afición a la que hacia tiempo no se veía tan animada en el respaldo a su equipo de fútbol. El Gordo llegó como motivador para 24 futbolistas y en ocho jornadas ha acabado estimulando a una ciudad.

Los béticos, con Víctor Fernández al frente, han estado a punto de sucumbir ante su propia autoexigencia pero han justificado su condición de equipo grande haciendo su trabajo mientras veían tropezar uno a uno a casi todos sus rivales. En los dos equipos hay bajas sensibles –seguro que a Jorge le gustaría contar con Hugo Leal y a Víctor con Emaná–, pero nadie se lamenta. Son 11 contra 11 y 90 minutos por delante, y la UDS sabe que, aunque enfrente haya un equipo grande, más enorme es su objetivo así que la UNIÓN de equipo y grada lo sacará adelante.