La solidaridad camina en Las Villas

Tras la XXIII Marcha de Las Villas, se organizaron diferentes comidas solidarias en municipios como Babilafuente, Cantalpino, Villoruela o Villoria
La XXIII Marcha Solidaria de Las Villas reunió ayer, domingo, a cientos de personas que caminaron un recorrido circular de 15 kilómetros entre Babilafuente, Villoruela, Villoria, y Moríñigo hasta llegar a Babilafuente. Además de ciudadanos de estas localidades, también se unieron a esta iniciativa vecinos de otros pueblos aledaños como Arabayona de Mógica o Cantalpino, además de otros llegados de Salamanca capital.

Tras esta Marcha se organizaron diferentes comidas solidarias a base de paellas y operaciones bocatas, con las que se pretendía recaudar fondos que se unirán a los de otras actividades solidarias que se están llevando a cabo durante estos meses en la zona de Las Villas. El dinero que se consiga con estas iniciativas servirá para financiar los proyectos solidarios de las organizaciones no gubernamentales Manos Unidas y Acción Verapaz, así como para Cáritas diocesana de Salamanca.

A su llegada a Babilafuente, tuvo lugar la lectura de un manifiesto en el que se afirmó que “no queremos dar cifras sobre el sufrimiento humano. Todos las conocemos. Cada día nos las recuerdan, especialmente las más cercanas, las que ya nos tocan de lleno. Las cifras de los que sufren más lejos, aunque no suelen recordarse habitualmente, las conocemos igualmente. Sabemos de sobra cómo está todo, lo de aquí, lo que nos rodea, y lo de allí, lo que está lejos. Padecemos en nuestras propias carnes la crisis pero es necesario decir que otros llevan toda la vida padeciéndola. Eso lo sabemos de sobra, pero no lo reconocemos. Nos duele sólo lo que vemos”.

“Hoy, como digo, no vamos a abundar en estadísticas sobre el hambre, el paro y toda esa espiral desastrosa alrededor de la economía. Queremos aprovechar este espacio para reconocer actitudes de esperanza, actitudes de solidaridad. Sólo desde una predisposición en la esperanza y la solidaridad podremos combatir la desolación, la incertidumbre y los miedos que nos paralizan” se leyó durante el manifiesto en el que se destacó que “la esperanza no es un esperar a que todo cambie y quedarnos quietos; la esperanza debe ser un movimiento interno, en lo personal, y también colectivo, para afrontar el desaliento, el sufrimiento, la pobreza que empieza a afectarnos en todos los órdenes de la vida”.

En el manifiesto de este año hubo algunas palabras para “dar un gracias enorme a la Comunidad de religiosos Dominicos de Babilafuente, que durante décadas ha creado y potenciado espacios de esperanza y solidaridad entre los niños, jóvenes y adultos de esta comarca. Gracias por lo que nos han enseñado y ayudado en este tiempo. Un reconocimiento muy especial, desde lo más profundo del alma y el corazón, a Bernardo Cuesta, que si os habéis fijado ha venido caminando entre nosotros. Yo lo he notado. Estaba en esos surcos, en el camino, en el cielo, en el viento”.