La siniestralidad en las carreteras repunta tras tres años de descensos

2010 no fue un buen año en las carreteras salmantinas. La siniestralidad se disparó tras tres años de progresivos y notables descensos. 27 personas fallecieron, en 2009 fueron 19, en 22 accidentes mortales, según datos de la Jefatura Provincial de Tráfico. Además, se contabilizaron una decena de heridos graves y otros trece contusionados leves.
J. ROMERO

“Es un dato incuestionable que los accidentes han subido, pero siempre he matizado, cuando ha funcionado la estadística mejor, que Salamanca es un marco excesivamente pequeño para establecer una tendencia general”, valora Jorge Sánchez Olivera, jefe provincial de Tráfico. No obstante, algo está cambiando en las carreteras españolas. A falta de conocer los resultados definitivos de diciembre, el trimestre anterior arroja una evolución preocupante. En septiembre, octubre y noviembre, los accidentes aumentaron, si bien el número de fallecidos ha bajado, por segundo año consecutivo, de los dos millares.

En el caso de la provincia de Salamanca, Sánchez Olivera subraya que el alza de la siniestralidad coincide con “un hecho paradójico, tenemos una mejor red viaria, se han puesto en funcionamiento todas las autovías”. El problema más importante se esconde, por tanto, en otro tipo de carreteras. La red de titularidad estatal ha sido escenario de cuatro siniestros con fallecidos, el resto, un total de dieciocho accidentes, ha ocurrido en vías secundarias. “Los conductores se confían más”, denuncia el jefe provincial de Tráfico. “La gente respeta más la velocidad en las autovías que en las carreteras secundarias, pese a que son de mayor riesgo”, corrobora. Los medidores demuestran las excesivas prisas de muchos ciudadanos. El Mapa de Velocidades del año 2009 elaborado por la Junta de Castilla y León demuestra la poca precaución en una docena de carreteras secundarias. En once tramos, la velocidad media, incluyendo todo tipo de tráfico (vehículos, motocicletas y camiones) se sitúa entre 90 y 100 kilómetros por hora, máximo permitido en estas calzadas. Un límite que incluso se sobrepasa en la CL-605. En esta carretera de titularidad autonómica que enlaza con la SA-810 de Cantalapiedra el medidor establece una media de 101 kilómetros por hora.

La puesta en marcha en verano de 2006 del permiso por puntos ha modificado el tipo de accidente mortal. Las distracciones son el principal quebradero de cabeza para la Dirección General de Tráfico (DGT). Encender un cigarrillo, hablar por el teléfono móvil, programar en ruta el navegador, ajustar la radio… son conductas todavía demasiado habituales al volante. Habituales, y peligrosas. Una distracción fue la causa desencadenante en el año pasado de ocho accidentes mortales. La velocidad inadecuada fue responsable de otros cinco. Las advertencias de la DGT son claras. El uso del teléfono móvil mientras se conduce multiplica por cuatro el riesgo de sufrir un accidente. Su peligrosidad es comparable a manejar un vehículo con síntomas de embriaguez. “Tras un minuto y medio de hablar por el móvil (incluso con manos libres), el conductor no percibe el 40% de las señales, su velocidad media baja un 12%, el ritmo cardiaco se acelera bruscamente durante la llamada y se tarda más en reaccionar”, expuso como ejemplo la DGT en una campaña específica desarrollada en noviembre contra las distracciones. En Salamanca, se realizaron 2.262 controles, saldados con 38 denuncias. El uso del móvil al volante se ha convertido en la segunda infracción más numerosa en las carreteras de la provincia, según constata el balance del permiso por puntos. Por delante, solo está la velocidad inadecuada.

Esta falta de atención al volante explica la persistencia de las salidas de vía como uno de los accidentes mortales más frecuente. Incluso en el año 2010, el abandono involuntario de la calzada de un vehículo fue el siniestro con mayor número de casos, un total de nueve. Mientras, las colisiones provocaron siete percances fatales en las carreteras de Salamanca. Aquí sí que se aprecia una clara mejoría. La aparición de las autovías a Madrid, Zamora y Cáceres ha rebajado considerablemente la cifra de accidentes de este tipo. Las colisiones mortales fueron hasta tres veces más en el año 2003. Entonces, las carreteras se cobraron la vida de 46 personas. En la última década, 379 ciudadanos han muerto en siniestros de tráfico en la provincia. Una trágica e inadmisible factura social. Apenas un centenar de localidades de la provincia tienen una población superior al número de fallecidos en accidentes de circulación en los últimos diez años.