La revolución en la normativa siembra el Mundial de incertidumbre

El Mundial de Fórmula 1 comenzará sembrado de incertidumbre debido al revolucionario cambio de normativa implementado por la Federación Internacional de Automovilismo (FIA).

Tras cuatro años de dominio de Red Bull, la FIA ha modificado el reglamento para intentar dibujar un nuevo escenario en el que se igualen las fuerzas y surja una competición más igualada y espectacular. Para lograrlo, la principal novedad es la introducción de un nuevo motor híbrido V6 turboalimentado de 1.6 litros con sistemas de recuperación de energía, en lugar del antiguo motor aspirado V8 de 2.4 litros.

Este cambio genera una revolución en el 'power unit' de los monoplazas, obligando a los ingenieros de la Fórmula 1 a un rediseño integral para el que les ha faltado tiempo, tal y como han reconocido desde diferentes equipos a lo largo de la pretemporada, con solo 12 días de entrenamientos en Jerez y Bahréin.

Los antiguos motores V8, que alcanzaban 18.000 revoluciones por minutos, se caracterizaban por una complejidad inferior a los nuevos V6 de 15.000 revoluciones, dentro del objetivo global de la FIA de impulsar la tecnología híbrida y hacer más sostenibles todas las competiciones que organiza.

Este nuevo rumbo provoca que cada coche solo pueda emplear ahora 100 kilos (140 litros de combustible), en lugar de los 160 kilos (225 litros) anteriores. Los nuevos propulsores deberán emplear así un 35 por ciento menos de combustible, obligando a los pilotos a gestionar el gasto con mucho cuidado.

Esta nueva complejidad también implica manejar con acierto el balance entre la energía mecánica y el sistema eléctrico con sus Sistemas de Recuperación de Energía (ERS) -sustituto del antiguo KERS- y las baterías asociadas, lo que afectará radicalmente a las estrategias de carrera. Para aumentar la dificultad, cada piloto solo podrá usar cinco 'power units' a lo largo del año, tres menos que en temporadas anteriores.

En cuanto a la transmisión, también aumenta el número de marchas de siete a ocho, otra nueva exigencia de la FIA. Además, la caja de cambios debe durar ahora seis carreras consecutivas en lugar de las cinco que se permitían antes.

El único respiro que se prevé para los pilotos tiene que ver con los neumáticos. Después de un convulsa temporada 2013 en la que Pirelli recibió críticas de todo tipo, la casa italiana ha optado por endurecer los compuestos para evitar problemas. En Australia, se correrá con gomas medias y blandas en una carrera que se espera a dos o tres paradas.

Por otra parte, los monoplazas tendrán ahora un tubo de escape central en lugar de los dos anteriores. El cambio supone el final de unos sistemas que redirigían los gases calientes de los tubos para generar más adherencia a la pista. En algunos equipos como Red Bull, que usó la tecnología con buenos resultados, el cambio tiene un impacto mayor.

Todos estos cambios han repercutido en el peso mínimo del monoplaza, que ha pasado de 642 a 691 kilos para compensar los motores más pesados. Los pilotos más altos y corpulentos, como Nico Hulkenberg (Force India), se han quejado de que este aumento no es suficiente y que están en desventaja frente a rivales más pequeños.

Por último, dentro de este arrollador lavado de cara de la competición se ha cambiado hasta el sistema de puntuación, aunque este cambio solo afecta a la última carrera del curso. De esta forma, los 10 primeros en el Gran Premio de Abu Dhabi puntuarán doble. El ganador se llevará 50 puntos en lugar de los 25 habituales, una polémica decisión de la FIA encaminada a alargar la batalla por el título.