La prueba del algodón

La selección española afronta una prueba de madurez ante Honduras, con la obligación de hacer olvidar el mal estreno y la necesidad de imponer el estilo que le condujo al éxito y el favoritismo, en un escenario al que está poco habituado.
EFE / Johannesburgo

En los últimos tres años España nunca se vio en un escenario donde mostrar la madurez de un grupo de jugadores poco acostumbrados a la derrota. Y no será porque Vicente Del Bosque no avisó. Siempre pidió máximo respeto para los rivales. Se llamasen como se llamasen. En un Mundial nadie es pequeño. Suiza sorprendió al mundo anulando las señas de identidad de la selección española. Jugando al contraataque y encontrando premio en acciones aisladas. Aprendida la lección y analizados los errores, España necesita ganar para aspirar a entrar en octavos de final, y hacerlo holgadamente si quiere aspirar a la primera plaza. Seguirá jugando con cinco hombres en el centro del campo y un solo centrocampista. Medita la entrada de Fernando Torres como nueve y trasladar a Villa hacia el costado izquierdo. El sacrificado sería Andrés Iniesta, que de nuevo llega muy justo de físico al partido.

Lo mismo ocurre con Sergio Ramos. Un fuerte golpe en las costillas le hizo sufrir para acabar el duelo ante Suiza. Tiene dolor pero una raza que provoca que por su cabeza no asome la posibilidad de recibir descanso. Aunque tenga que infiltrarse, estará sobre el terreno de juego si Del Bosque estima que los riesgos de cara al futuro son menores.

Jugadores como Cesc Fábregas y Jesús Navas piden paso a gritos. La entrada de Cesc dejaría señalado a Sergio Busquets después de su error en el gol que provocó la derrota en el estreno. Es lo que frena a Del Bosque. La de Navas cambiaría el estilo, con un extremo nato. Se perfila como revulsivo en la segunda parte.