La Policía de barrio 'se cae' de la agenda de promesas electorales de Fernández Mañueco

Cuartel de la Policía Local de Salamanca.

La fuerte oposición de los agentes a aplicar esta medida cuando el personal está en mínimos obliga al equipo de Gobierno a 'envainársela' con un tema que apuntaba a materia electoral. 

Era una de las últimas medidas de la legislatura, que iba a permitir terminar cuatro años de mandato presumiendo de políticas de seguridad ciudadana y proximidad, en la línea de una Salamanca para los salmantinos y salmantinas que publicita Fernández Mañueco. Pero cuando se daba por hecho su puesta en marcha, la oposición frontal de quienes debían hacerlo realidad ha dado al traste con una medida que de escaparate a pasado a pesadilla. Se trata de la idea de recuperar la Policía de barrio, un proyecto que ha entrado en vía muerta y que se cae de la agenda del alcalde para la inminente campaña.

 

El alcalde ha buscado vincularse a esta iniciativa desde el primer momento. Primero se neutralizó la moción socialista en la que se pedía su regreso y después se impulsó una moción conjunta. Y de manera inmediata se puso al frente de la comisión creada para decidir el modelo de funcionamiento: presidió de manera excepcional la primera comisión especial de Tráfico para el tema. Allí manifestó su preocupación por este tema policial: recordó que en julio dio instrucciones a  la Policía Local  para que los agentes patrullaran a pie y se bajaran de los coches para hacer caminando sus rondas de vigilancia para intensificar la comunicación con los vecinos.

 

Aunque nació de una propuesta del PSOE, el PP la hizo suya y logró 'pactar' una moción conjunta, un procedimiento usado otras veces esta legislatura para neutralizar la moción de la oposición. De no haber mediado el acuerdo del pasado día 7 de noviembre, lo normal es que se hubiera rechazado para luego presentarlo con el voto a favor de la mayoría de que disfruta el grupo popular. El caso es que se acordó estudiar la fórmula más adecuada, tarea que quedó desde entonces en manos del equipo de Gobierno. Con lo que no se contaba era con el rechazo total de una plantilla, la de la Policía Local, bastante harta de su situación.

 

El problema es que el modelo que se pretendía aplicar ahondaba en el problema fundamental del cuerpo, la escasez de personal. Con 35 vacantes sin cubrir por la falta de convocatoria en los últimos años, sacar a unos 40 efectivos de los servicios habituales desguarecería rondas como las de noche y fin de semana, obligando a concentrar estos turnos en menos agentes, algo poco sostenible aunque se compensara económicamente. De hecho, uno de los motivos que llevó en su día a la desaparición de la Policía de barrio fue la falta de efectivos suficientes para hacerle frente.

 

La guinda fue el intento de obligar a la plantilla a aceptar la propuesta que imponía de manera unilateral y sin negociación alguna. Fue a principios de marzo y esto generó un rechazo casi unánime por parte de los agentes, que veían en las prisas por instaurar el nuevo servicio una intención electoralista. La situación explotó a principios de abril en una manifestación en el que el 90% de la plantilla se manifestaba contra la instauración de este servicio y contra el jefe del cuerpo.