La Plaza como atajo, aparcamiento a salvo de la zona azul... y otras barbaridades

Malas prácticas y abusos incrementan la presión que el paso de vehículos supone para la Plaza Mayor.

Cualquiera que pase por la Plaza Mayor a la nada descabellada hora de las diez de la mañana se interna en un territorio arriegado para los peatones. El trasiego de vehículos, hasta 300 al día, pero muy especialmente los comportamientos que se observan sorprenden a cualquiera... más cuando se sabe que se trata de un monumento protegido y que existen una normas, aunque sean básicas, para circular. Basta atravesar una mañana por el ágora salmantina para darse cuenta de ello.

 

 

LOS PRINCIPALES PROBLEMAS

 

En unos cuantos paseos lo que se observa es descorazonador. La presencia de vehículos de gran tamaño y tonelaje sorprende; hasta un camión de los que llevan volquetes para los escombros que se han generado en las recientes obras. Para estos menesteres existen vehículos más pequeños y no tan pesados, pensados precisamente para espacios como la Plaza Mayor.

 

También se puede corroborar que muchos camiones de reparto utilizan la plaza como paso de unas zonas a otras para evitar dar el rodeo al que obligan las restricciones y las zonas peatonales. En una semana de observación todos los días se ve alguna furgoneta que entra por un sitio y sale por otro sin parar a nada. Igualmente, hay vehículos sempiternos en la plaza, y no son los de servicios municipales o la Policía Local, y tampoco alguno en carga y descarga. Es habitual ver, durante horas, un mismo coche, una unidad concreta, parado en un sitio concreto...

 

Tampoco parece adecuada la velocidad a la que se circula, y la falta de cuidado con los peatones. Con las prisas, muchos conductores salen por Prior o camino de la plaza del Corrillo más rápido de la cuenta y más cerca de lo aconsejable de los peatones; al contrario de lo que debería ser, son los viandantes quienes deben andar con ojo. Y eso a unas horas en las que la presencia de turistas o salmantinos es numerosa. Con la excusa de las prisas, no se guarda la prioridad para los peatones.

 

En teoría, la circulación debe hacerse en un sentido determinado, pero también se pueden ver vehículos que van de un punto a otro en dirección contraria. Parecen excesivas las entradas y salidas, seis en total, aunque se respeta el sentido en la mayoría de los casos... pero no todos. El estacionamiento no está regulado, pero por inercia se suele hacer en filas desde la línea que marcan los bancos hacia afuera, aunque también se estaciona en los arcos.

 

Otro capítulo son los entornos. Las horas de carga y descarga en la plaza lo son también de densidad de tráfico en las calles aledañas que sirven de entrada y salida. El último tramo de la calle Toro, la calle Prior, la plaza del Corrillo o Poeta Iglesias están hasta arriba de furgonetas y camiones en esas horas.

 

 

Y ALGUNAS SOLUCIONES

 

Esta es la situación que tienen que controlar los dos agentes que, desde esta semana, la Policía Local pone en la Plaza Mayor en horario de carga y descarga. No han estado siempre, porque hay otras prioridades de servicio y la plantilla está muy ajustada. No lo tienen fácil, porque la señalización no es del todo clara, aunque los 'usuarios' habituales están muy familiarizados con la circulación en la plaza. Una de las soluciones pasaría por señalizar correctamente y, a partir de ahí, poder sancionar a los reincidentes, para lo que hace falta presencia permanente y de un mismo grupo de agentes.

 

Para evitar problemas con los peatones sería recomendable adelantar el horario, algo que podría estar en estudio, pero que habrá que consensuar con los negocios afectados. Ahora sae acaba a la once, hora de mucha presencia de viandantes. La consulta con bares y negocios también serviría para concienciar sobre comportamientos más respetuosos con lo que es un monumento. Otra salida sería habilitar puntos externos para la carga y descarga y evitar el tránsito de estos vehículos por la plaza.