La Pachamama: El ‘oasis’ del Tormes

La frescura de un rincón de auténtico recreo en la orilla del Tormes. Los platos de calidad, la exquisita atención y el extraordinario entorno convierten a La Pachamama en un espacio único en Salamanca.

 

 

MÁS INFORMACIÓN

 

http://www.lapachamamasalamanca.com/

 

FACEBOOK:

 

http://on.fb.me/1rqqUl3

 

 

El contraste es una característica propia de climatología de la gélida Salamanca, ya que la época estival compensa los duros meses de invierno con unas ráfagas de calor intenso.

 

Cuesta salir a la calle en pleno mes de agosto, sin embargo, al otro lado del Tormes fluye con suavidad la brisa de la orilla. En un espacio diáfano de edificios pero amparado por la sombra y la vegetación se alza La Pachamama, la terraza más idílica de Salamanca, como nacida espontáneamente del entorno natural.

 

Su nombre, “Pachamama” hace referencia a una divinidad inca que representa a la “madre que engendra la  vida” una diosa protectora que cobija a los seres humanos, posibilita la vida de la naturaleza y favorece la fecundidad.

 

Un nombre idóneo, muy representativo para este recreo apartado del núcleo urbano y envuelto en naturaleza. Mires a donde mires encontrarás un marco digno de postal. De frente, sobre el río, los muros de la ciudad no esconden las vistas a la imponente Catedral, que se muestra impertérrita, escudada por la clerecía y las cúpulas más representativas de la capital.

 

A ambos lados, otras dos dignas estampas conforman un paréntesis que delimita el espacio en el que encontramos a La Pachamama, que aparece ante nosotros como un estratégico ‘oasis’ en el que reponer las energías gastadas tras un sofocante paseo al sol. Los paréntesis mencionados son dos de los puentes más conocidos y bellos de la ciudad; a la izquierda el Puente Romano, a la derecha Enrique Estevan, construido por el arquitecto del mismo nombre, discípulo de Gustave Eiffel, que presenta claras influencias de las obras del su maestro.

 

El olor a hierba y el sonido de las corrientes de agua encarnan al paradigma de la evasión y el ambiente desenfadado del local es, sin duda, la cualidad perfecta para establecer una desconexión de la monotonía y los quehaceres del día a día. Reúne las condiciones perfectas para ofrecer a sus clientes una velada de los más cómoda y agradable.

 

(Foto: Raquel Fernández)

 

Se puede adaptar a los horarios más caóticos, cualquier momento es bueno para hacerles una visita porque, en La Pachamama, se trabaja duro y presenta un abanico horario muy amplio, desde la hora del vermú a la de las primeras rondas de copas.

 

Hace cinco años que salmantinos y foráneos disfrutan de las condiciones de esta terraza tan especial. El primer verano solamente abrieron dos meses, pero los resultados del trabajo fueron tan positivos que Fidel y su pareja, Estefanía, padres del proyecto, decidieron sacarlo adelante y reinventarlo cada año en la temporada que va de marzo a noviembre, meses que permiten sacar mayor partido a sus cualidades naturales.

 

(Foto: Raquel Fernández)

 

Estefanía y Fidel son fieles a “sus chicos” que mantienen en la medida de lo posible a su lado desde aquel primer año en que La Pachamama vio la luz. Confían en ellos y forman parte del encanto del local. Fidel describe su labor como “un buen hacer profesional. Trabajo bien hecho, gran elaboración de los platos y a la vez cercanía y amabilidad”.

 

En el restaurante se ofrecen todo tipo de platos, desde carnes a pescados, gazpachos, postres y cócteles como caipirinhas y mojitos. La innovación y su diferenciación principal en la carta es la sorpresa que llega cada quince días. Esta iniciativa pretende acercar a sus clientes a platos más sofisticados y exóticos que habitualmente no pueden probar, no forman parte de la carta, se presentan solamente de forma puntual durante una temporada y satisfacen a los estómagos más atrevidos. El próximo, por cierto, será el canguro.

 

(Foto: Raquel Fernández)

 

El ambiente que se respira es muy tranquilo, y la estética fresca y desenfadada. Fidel define su Pachamama de la siguiente manera: “No somos un sitio con Estrellas Michelín pero intentamos que el público se vaya contento, con una sonrisa y el estómago lleno”.