La Nochevieja Universitaria vuelve a tomar la Plaza Mayor al calor de la falta de reglas para su uso

El multitudinario evento invade el emblemático espacio con un escenario y unos actos que van en contra del disfrute y conservación de la plaza. El reglamento, en espera desde hace dos años, permite al Ayuntamiento aludir a la promoción que supone para la ciudad para autorizarlo pese a su evidente vínculo con el consumo de alcohol.

Este jueves a medianoche la Plaza Mayor de Salamanca volverá a ser escenario de la denominada Nochevieja Universitaria, un multitudinario evento que nació como una celebración espontánea y que se ha convertido en una marca comercial que está muy lejos de la reunión sin pretensiones que fue en su origen. Una transformación en la que paralelamente ha ido generando dudas sobre el carácter de evento prioritario que le ha conferido el actual equipo de Gobierno. Un hecho, el favor del que goza, que se contrapone a las dudas sobre si el uso que se hace es el idóneo en términos de patrimonio y conservación y que también pone en duda la idoneidad de vincular Salamanca a un evento así.

 

El problema fundamental reside en la falta de una normativa a la que atenerse. La utilización del emblemático recinto ha generado polémica a lo largo del tiempo, con variedad de posturas de los equipos de Gobierno de turno. En la anterior etapa, con Julián Lanzarote al frente, hubo un momento en que se decidió restringir su uso tras albergar todo tipo de eventos; el que desató la polémica, y la limitación de usos, fue el tradicional paso de los elefantes de un circo en 2008, donde comieron e hicieron otras funciones. Pero antes hubo otras, como los muchos actos de la Capitalidad Cultural. Su abuso generó una sobrexposición de la Plaza Mayor. El anterior alcalde acabó teniendo tuvo sus más y sus menos con la propia Nochevieja Universitaria, a la que no cedió la plaza en 2009 porque calificó su celebración como "un botellón disfrazado" y que dejase la ciudad como "un vomitorio".

 

En los últimos años se ha puesto cierto coto al uso de la Plaza Mayor, y el resultado debería ser la puesta en marcha del nuevo reglamento de usos. El documento, que empezó a negociarse hace cerca de dos años, fue inclso presentado en enero de 2013 por el alcalde, Alfonso Fernández Mañueco. Sin embargo, sigue sin aprobarse y aunque existen otras normativas que limitan su uso de manera genérica (la de ruidos o la que persigue las gamberradas y el daño al patrimonio), muchas voces opinan que la falta de una normativa específica no es, a estas alturas, más que la excusa perfecta para que actuaciones como la del dj Luciano el pasado septiembre o la propia Nochevieja Universitaria puedan celebrarse bajo el amparo del Ayuntamiento.

 

De lo poco que se ha conocido del documento se desprende que habrá eventos con rango de indiscutibles y que tendrán asegurado el permiso; es el caso de las dos ferias del libro y de los actos de las Ferias y Fiestas y San Juan de Sahagún. Sobre el papel, los demás tendrán que ganárselo, pero el Ayuntamiento de Salamanca ha mostrado su indiscutible predisposición a que la Nochevieja Universitaria tuviese la consideración de evento prioritario. Ni siquiera el anuncio de un nuevo reglamento de uso parece poner coto a esta alianza. 

 

Como ocurre ahora, la normativa alude a determinadas características para que se pueda conceder el permiso. Concretamente dice que "se ponderarán aspectos relativos a la promoción turística, económica, cultural, patrimonial o histórica de la ciudad". Esto es, hoy por hoy, lo que el Ayuntamiento de Salamanca valora para apoyar de manera expresa y con su propio aval la celebración del evento. En los dos últimos años, la empresa organizadora ha solicitado el permiso para ampliar el horario de apertura de bares y, para conseguirlo, ha necesitado de un informe favorable del Ayuntamiento, que lo ha concedido por considerar el evento de especial interés, como obliga la normativa de la Junta.

 

Sin embargo, el planteamiento de la celebración arroja muchas dudas sober si este es un evento interesante a nivel de imagen y promoción. Aunque lo que más luce es la concentración multitudinaria de jóvenes, sin alcohol en la Plaza Mayor, el trasfondo es el de una fiesta directamente vinculada al consumo de alcohol. Existe una serie de bares colaboradores y directamente vinculados a la empresa organizadora que, según datos de hace un par de años, sirven unas 45.000 consumiciones comercializadas bajo la marca Nochevieja Universitaria. Este año la competencia entre los locales oficiales y el resto ha llevado no solo a tener que generalizar la ampliación de horario a todos los locales de ocio nocturno, en una especie de 'barra libre' por una noche; sino que también ha generado una guerra de precios a la baja en las copas.

 

Estas dos circunstancias van contra algunas de las ordenanzas del propio Ayuntamiento de Salamanca, y a las que se alude cuando se habla de que muchas de las normas que se piden para el reglamento de usos de la Plaza Mayor ya se contemplan en otras normativas. Es el caso del respeto por el descanso o de la prohibición de acciones para promocionar el consumo de alcohol; algo difícil de cumplir con horarios ampliados casi sin límite por una noche y con la venta oficial de copas baratas. Y que se multa con rigor casi todos los días del año.

 

La última duda es sobre el daño que se hace a la conservación de un monumento con la Plaza Mayor. Patrimonio de la Humanidad y monumento nacional, parece dudoso que la instalación de un escenario, que impide su disfrute; las limitaciones de acceso que supone ocuparla con miles de personas; o la emisión de música y luces sean compatibles con su conservación. En esto también tiene antecedentes negativos la Nochevieja Universitaria: el año pasado fue multada por proyectar un anuncio en los pabellones de la plaza, siendo además su contenido de directa promoción del alcohol. En el mismo capítulo entrarían las actuaciones musicales del evento, o el último concierto del dj Luciano en septiembre, anunciado fuera del cartel de Ferias y Fiestas y que se programó como experimento de promoción de la ciudad.

 

Así que, a priori, las nuevas reglas de uso de la Plaza Mayor nacen para sancionar y restringir algunos usos que se hacen de este emblema de la ciudad, pero también parecen ser el trampolín para que el ágora sea, con más de 250 años, altavoz de una imagen vinculada al desenfreno. Aunque sea solo un día al año.