La miseria y el fundamentalismo se unen a favor de la batalla del Islam en 'Los Caballos de Dios', de Ayouch

ÛLos caballos de Dios'
La miseria de Sidi Moumen, un poblado de chabolas de Casablanca, y el fundamentalismo se unen a favor de la batalla del Islam en el largometraje 'Los Caballos de Dios', de Nabil Ayouch, que se ha proyectado este jueves en la Sección Oficial de la 57 Semana Internacional de Cine de Valladolid (Seminci), en la que compite por la Espiga de Oro.
VALLADOLID, 25 (EUROPA PRESS)

La miseria de Sidi Moumen, un poblado de chabolas de Casablanca, y el fundamentalismo se unen a favor de la batalla del Islam en el largometraje 'Los Caballos de Dios', de Nabil Ayouch, que se ha proyectado este jueves en la Sección Oficial de la 57 Semana Internacional de Cine de Valladolid (Seminci), en la que compite por la Espiga de Oro.

Esta producción de Marruecos, Francia y Bélgica nace y crece en Sidi Moumen, un poblado de chabolas en el que vive Yashim, portero de un equipo de fútbol a quien su hermano Hamid saca constantemente de problemas amenazando con una cadena que lleva siempre atada a su mano.

Hamid, pese a su juventud, además de proteger a Yashim se encarga de sacar adelante la familia con actividades ilícitas de las que no quiere hacer partícipe a su joven hermano, a quien disuade de ir siempre con su inseparable amigo, a quien todos creen gay y de quien se ríen por las actividades de su madre.

En casa, Yashim no tiene nada que hacer con su madre, que siente predilección por Hamid y que, abiertamente, le deja de lado, al igual que hace con su otro hijo, pendiente únicamente de la radio y de un hermano que está en la guerra, y con su marido, que sufre una depresión y apenas habla.

El comportamiento violento de Hamid, que recae incluso en el mejor amigo de su hermano, se saldan con su encarcelación, periodo en el que Yashim se tiene que hacer cargo de su familia, primero con un negocio de venta de fruta que llevaba su hermano y después en el taller en el que trabaja su amigo.

La trama, que evoluciona de la mano de distintos acontecimientos históricos de Marruecos que marcan el inicio de nuevos capítulos desde una pantalla en negro, comienza en 1998 y salta hasta 1999, año de la muerte del rey Hassan II, en el que el poblado ya ha crecido, y hasta 2001, momento en que Hamid vuelve de la cárcel.

EL CAMBIO DE HAMID

El joven ha experimentado un cambio radical: de la violencia representada por la cadena, con la que amenazaba a todo aquel que se metía con su hermano, a los rezos y una religiosidad extrema que en su casa es bien recibida.

La ayuda que Hamid, con los "hermanos" con los que vive en el poblado, tiene que prestar a su hermano y a su amigo, quienes agreden hasta la muerte a su jefe del taller ante su intento de violar al joven, se cobra por parte de los fanáticos con su introducción, en un principio algo forzada, de los jóvenes a su centro.

Con la promesa de enseñarles a defenderse, Yashim, su amigo inseparable, además de Fouad, hermano de la chica de la que Yashim ha estado siempre enamorado, comienzan a frecuentar el centro y los rezos y las charlas terminan calando en ellos hasta el punto de alcanzar un grado extremo.

Yashim, siempre rechazado en casa, y su amigo, insultado desde la infancia por su aparente homosexualidad, comienzan a sentirse importantes en un centro en el que reciben la atención que nunca tuvieron hasta el punto de que Hamid, su hermano mayor, se siente celoso.

La introducción de la necesidad del martirio para salvar al Islam de la colonización y acabar con los enemigos de su religión en el discurso lleva a los jóvenes de manera natural a este extremo, aunque Hamid, ya en el campo donde son entrenados para perpetrar los atentados, trata de disuadir a su hermano implorando la necesidad de prestar atención a su madre.

Pero Yashim, más reconocido que nunca --fue designado coordinador de su misión suicida--, se niega e invoca a Dios para perpetrar los atentados terroristas que tuvieron lugar el 16 de mayo de 2003 en Casablanca, en los que murieron casi 50 personas.

EL DIRECTOR

Nabil Ayouch nació en París en 1969 y desarrolla su labor a caballo entre Casablanca y París; su primer cortometraje, 'Les Pierres bleues du désert' (1992), fue la carta de presentación del actor Jamel Debouzze.

En 1997 dirigió su primer largometraje, 'Mektoub', una obra que, al igual que 'Ali Zaoua, príncipe de Casablanca' (2000), representó a Marruecos en la carrera por los Oscar. Luego dirigió 'Une minute de soleil en moins' (2003) y 'Whatever Lola Wants' (2008).

En 1999 fundó Ali N'Productions, una productora cuyo propósito es apoyar el lanzamiento de jóvenes directores; en 2002 fundó el G.A.R.P., un colectivo que reúne a autores, directores y productores y, al año siguiente, la Coalición Marroquí para la Diversidad Cultural.

En 2006 puso en marcha el Programa MEDA de apoyo a la industria audiovisual, que presta ayuda a productores y guionistas de los diez países que ocupan la ribera sur del Mediterráneo, y en 2008 participó en la creación de la Asociación Marroquí Contra la Piratería, que actualmente preside, y en 2011 estrenó su primer largometraje documental, 'My Land'.