La matanza puede con la lluvia

Pepe Sancho, Manolo Cal, Fedra Llorente y Miguel Morales fueron nombrados Matanceros de Honor
F. M. M.

En sus palabras, el alcalde de Guijuelo recordó los sufrimientos de los antepasados durante la matanza “para llevar el pan a casa, que eran mayores a la lluvia que ha caído”.

Los arrieros llegaron en menor número que otros años por la lluvia, pero a mayor velocidad para sortear las inclemencias del tiempo que hasta el mediodía fueron persistentes.

La presencia de los carros de los arrieros, con sus variados colores y motivos decorativos, fueron objeto de curiosidad por los presentes, sobre todo los más pequeños. Al ser el día dedicado a los arrieros, uno de ellos pronunció un pregón, que a modo de diálogo representaba lo que un nieto le pedía a su abuelo: jamón de Guijuelo “para desayunar, para comer, para merendar y para cenar”.

A continuación, Reyes Monforte, que el año pasado fue nombrada Matancera de Honor, actuó como maestra de ceremonia, con constantes diálogos con Chus Merino. Entre ellos, uno en el que le arrancó la promesa de seguir manteniendo estos actos.

La música de Los Brincos anunció al primer nombrado Matancero, Miguel Morales, quien agradeció la invitación de los organizadores. El actor Pepe Sancho, que también realizó fotografías del acto con su teléfono móvil, fue el siguiente en recibir la distinción. Al recibir el jamón, lo movió como si fuera un palo de golf.

La que fuera conocida en el programa 1, 2, 3... responda otra vez por La Bombi, representó uno de los momentos más divertidos al cantar una popular canción a la que cambió la letra para incluir el nombre de Guijuelo, lo que fue del gusto de las doscientas personas presentes.

Manolo Cal, actor conocido por su trabajo en el teatro, también fue muy aplaudido al recordar que “mi apellido es Salamanca, porque mi abuelo era de esta tierra” por lo que se sentía “como en casa”.

El grupo El Torreón volvió a deleitar a los asistentes con su bailes, que estuvieron acompañados de la música de Gabriel Calvo.

La anécdota de la jornada estuvo vivida por el marrano, que al recibir la descarga eléctrica consiguió zafarse de los matarifes y salir huyendo del recinto. Los miembros de Cruz Roja, el matarife Tito Elices, y un grupo de jóvenes consiguieron reducirlo y arrastrar hasta el poyo en el que fue sacrificado, en esta ocasión sin un solo grito. Mientras los responsables chamuscaban la piel, miembros del grupo ElTorreón repartieron aguardiente y perrunillas.