LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN, AMENAZADA POR LOS MALOS PROFESIONALES

 
La fuerte crisis económica que padecemos agrava, irremediablemente, otras crisis mucho más profundas y más difíciles de superar en el tiempo, comos son la pérdida de valores y de los derechos fundamentales de los ciudadanos. El poder político se ha instaurado del tal modo que prevalece sobre el resto de los poderes democráticos, pero también, sobre los canales de participación y la necesaria representación y la voz de los trabajadores, empresarios, estudiantes, etc. En este contexto, el derecho a la información y la libertad de expresión se ven seriamente amenazados con estrategias y tácticas de dudosa moralidad que están echando por tierra el necesario trabajo de los medios de comunicación, cuyo fin primordial es favorecer la madurez de la democracia a través de una sociedad bien informada. En concreto, resulta totalmente inadmisible que los políticos o los allegados a los políticos, elegidos democráticamente para defender y luchar por el bienestar de los ciudadanos, compren, participen o controlen medios de comunicación con el único objetivo de favorecer sus intereses personales. Las instituciones públicas deben garantizar, promover y legislar para lograr que el derecho a la información sea un derecho real, basado en la libertad, la pluralidad y, por encima de todo, la verdad. Lejos ha quedado, por fortuna, la censura abominable de los regímenes totalitarios; para luchar contra ella el periodismo se significó, reivindicó y reinventó en un perfecto ejercicio de responsabilidad, se convirtió en la voz de la calle y empezó a contar lo que pasaba realmente en este país. Ahora el enemigo a batir es mucho más sutil, los mecanismos de control son más vulnerables y es muy difícil distinguir entre los medios verdaderamente comprometidos con la sociedad a la que representan y a la que se dirigen, con esos otros movidos por pretensiones partidistas, ambiciones políticas, negocios particulares y oscuras maniobras al servicio del poder. Ocurre en toda España y ocurre también en Salamanca. Es un horror y un error para el futuro y el desarrollo de esta provincia padecer la irresponsabilidad de unos medios de comunicación con objetivos y pretensiones desconocidas, pero que están muy alejados de lo que necesitamos: unión, reivindicación, trabajo, exigencia y compromiso.