La juez considera culpables a los acusados de la muerte de una niña

Béjar. Condena al propietario de la empresa ejecutora del derribo a dos años de cárcel y al trabajador encargado de la seguridad a 15 meses.
E. G.

La juez del Juzgado de lo Penal número 2 ha condenado a los acusados de la muerte de una niña de 5 años tras caerle una cornisa encima, el 17 de diciembre de 2007. La magistrada condena a dos años de prisión al propietario de la empresa encargada del derribo y del desescombro, de iniciales D. G. G. mientras que al trabajador y encargado de evitar que ningún transeúnte se aproximara a las obras, L. G. G. ha sido condenado a un año y tres meses de prisión. La magistrada les considera autores responsables de un delito de homicidio por imprudencia.

Además, condena a D. G. G. a tres años de inhabilitación para el ejercicio de las labores de derribo y desescombro y al pago de las costas del juicio. L. G. G. deberá permanecer dos años inhabilitado en el ejercicio de labores de vigilancia y cautelas en el marco de la prevención de riesgos laborales, además de hacer frente al pago de las costas.

Respecto a las indemnizaciones, conjunta y solidariamente con la compañía de seguros deberán abonar a la madre de la menor fallecida 120.000 euros; 90.000 euros para su padre y 17.000 euros para el hermano. Asimismo, deberán abonar los gastos del sepelio, según consta en la sentencia a la que ha tenido acceso este periódico.

En el fallo, notificado ayer, la magistrada señaló que en la obra que se estaba ejecutando el día 17 de diciembre en la calle Sol, junto al colegio al que se dirigía la menor, “no se habían adoptado medidas de seguridad”, por lo que existe una flagrante falta de cuidado por parte del propietario de la empresa encargada del derribo y por parte del trabajador encargado de la seguridad que, a su juicio, “debió advertir del peligro real que podía producirse en cuanto a que se cayera algún cascote en la calzada”. Al respecto, especificó que L. G. G. “no estaba colocado de forma adecuada, sino que al verse sobrepasado en la función de contención de paso de los peatones, no advirtió ni al compañero que realizaba las labores con la máquina excavadora, ni lo puso en conocimiento de sus jefes”.

La titular del Juzgado de lo Penal subrayó la “gravedad del hecho cometido” porque “ a cualquiera se le ocurre y era previsible que una sola persona no era suficiente para contener el paso de los transeúntes”. Puesto que los acusados carecen de antecedentes penales y la pena es inferior e igual a dos años no ingresarán en prisión.

Durante el juicio, el responsable de la demolición negó que se encargara de la seguridad ya que según aseguró “los temas de seguridad siempre los he dejado en manos del promotor”. Reiteró que en varias ocasiones advirtió a los obreros de que cuando los niños fueran al colegio “pararan la obra. Se lo dije a todo el mundo”.

Por su parte, L. G. G. confesó que trabajó en la obra en calidad de peón y que no le habían dado ningún curso en materia de seguridad ya que “era la primera vez que desempeñaba labores de seguridad en una obra” una función que desarrolló porque “era un obrero que tenía que hacer lo que me mandaran”.