La historia del Lunes de Aguas, la tradición más popular de Salamanca

Sus orígenes se remontan al siglo XVI, cuando por orden real se obligaba a las prostitutas a abandonar la ciudad durante la Cuaresma para alejar a los salmantinos de la tentación. Al finalizar la Semana Santa, el primer lunes después de Pascua, estudiantes y vividores cruzaban el río Tormes en barcas para traerlas de regreso, y en el festejo era típico volver a probar los manjares del cerdo, en una empanada que se popularizó como Hornazo.

Atrás quedan los días de fervor religioso, marcados por los actos procesionales, y también del ‘turisteo’, con cientos y miles de visitantes – cámara en mano- perpetuando en imágenes su paso por la ciudad.

 

Una vuelta a la normalidad que no durará mucho. Una semana después al Lunes de Pascua, Salamanca se pondrá hoy ropa cómoda, dejará sus quehaceres diarios y, mochila al hombro, saldrá al campo, si es que las previsiones climáticas lo recomiendan.

 

Es una de sus fiestas más llamativas, si no es la que más, dentro del calendario festivo salmantino: El ‘lunes de aguas’. Entonces, haga frío o calor, miles de almas saldrán a celebrar una festividad que se remonta al siglo XVI. Entonces, el rey Felipe II dictó una ordenanza sobre la práctica sexual con prostitutas, que quedaba proscrita durante toda la Cuaresma. Esa decisión real obligó a las rameras a abandonar Salamanca desde el Miércoles de Ceniza y no volver hasta una semana después de la Pasión.  Cada año se iban al otro lado del río, a un alojamiento especialmente destinado para este uso, y su regreso, desde entonces, se convirtió en toda una fiesta.

 

Los universitarios de entonces –y algunos no universitarios, por qué ocultarlo- salían a la ribera a buscarlas en barcas, y así volvían a la Casa de Mancebía de manos de un párroco que durante todo ese periodo era el responsable de mantenerlas ajenas a todo contacto con 'varón'. Era el párroco conocido hasta hoy día como el ‘Padre Putas’Esa fiesta pagana ha perdido su carácter inicial pero se conserva como día de celebración en el que las familias salen al campo. Un día que siempre va acompañado del tradicional hornazo, una empanada hecha con embutido de la matanza que no puede faltar ese día en toda mesa salmantina que se precie.