La historia de un sĂ­mbolo festivo

Ni su forma actual, ni el lugar en el que se coloca son los originarios

LA MARISECA

Revista “Salamanca y sus costumbres”, 1928

Entre las pintorescas costumbres salmantinas que tanto cultivaban nuestros antepasados y tan celosos de conservar eran, ha llegado hasta nosotros esta de colocar la Mariseca como anuncio de las ferias de Septiembre. El dĂ­a 25 de julio, a las 12 de la maĂąana, entre disparos de bombas reales y a toque suelto del reloj de la Casa Consistorial, enĂĄrbolase en la torrecilla o remate de la fachada de ĂŠsta, una bandera de los colores nacionales en el ĂĄpice de cuyo astil, hay un toro pintado de negro, sobre el que aparecen en nĂşmeros blancos las fechas en que han de celebrarse las corridas de toros.

Aunque en la actualidad se ha aminorado el rumbo castizo con que se celebraba no hace muchos aĂąos la colocaciĂłn de La Mariseca, aĂşn conserva cierta alegre singularidad que la distingue de otras festividades; el toque suelto del reloj municipal, el disparo de estruendosos cohetes, la banda de mĂşsica que alegra con un pasodoble torero el acto, varios hombres que encaramados en la torrecilla del pararrayos de la casa Ayuntamiento, sujetan fuertemente con una maroma la susodicha bandera espaĂąola, que en lugar de lanza ostenta, como remate, un toro morucho con las fechas en que se han de celebrar las corridas, el reparto de programas detallado de ĂŠstas, tarea difĂ­cil para los repartidores, por la bullanguera aglomeraciĂłn multitudinaria que les arrebata de las manos los prospectos, agobiĂĄndolos y estrujĂĄndolos mĂĄs que si repartieran billetes de mil pesetas y, sobre todas estas circunstancias, una especie de aroma ferial, algo asĂ­ como un anticipo de los festejos septembrinos, el vermout de las fiestas mĂĄs tĂ­picamente salmantinas, las ferias de septiembre.

Han sido inĂştiles cuantas investigaciones hemos hecho para averiguar el origen de esta aĂąeja costumbre; desde la pregunta verbal a viejos salmantinos hasta la consulta libresca. Nada concreto nos ha sido revelado sobre el nacimiento de esta Sra. Mariseca que, por todos los indicios, parece por su arraigo popular hija del pueblo. Esta Mariseca, actualmente sĂłlo anunciadora de las corridas de toros de septiembre, lo era antiguamente de todas las corridas que se celebraban durante el aĂąo, en este asombroso patio veneciano que es la Plaza Mayor, desde las acostumbradas de San Juan, Santiago Evangelista y la Virgen de Agosto, hasta las circunstanciales de colaciĂłn de grados de Doctor, que se amenizaban tambiĂŠn corriendo toros, como asĂ­ mismo, en el santo y nacimientos de Reyes y PrĂ­ncipes, canonizaciĂłn de Santos, etc, en que el pueblo congregado y alegre pedĂ­a toros para solazarse con este espectĂĄculo constitutivo del mayor regocijo y deleite en poblaciĂłn de tan tradicional abolengo taurino como Salamanca; cosa nada extraĂąa, pues que componiendo en su mayorĂ­a la poblaciĂłn el elemento estudiantil, siempre joven, bullanguero y jovial, necesitaba estos viriles espectĂĄculos, tan contagiosos siempre, para consumir las reservas vitales de la sangre moza.

Esta famosa Mariseca no siempre fue colocada en la Casa Consistorial, pues con anterioridad a la construcciĂłn de la Plaza Mayor lo era en el Rollo que existĂ­a en la Plaza de San MartĂ­n. Por cierto que el aĂąo 1669 se derribĂł con tan mala fortuna que, acertando a pasar en aquel instante un hombre cuyo nombre no nos ha sido transmitido, le cayĂł encima, dĂĄndole tan tremendo golpe que le quitĂł la vida. DespuĂŠs y hasta mediados del siglo pasado, se izaba en el ĂĄtico o frontĂłn del PabellĂłn Real de San Fernando, en la fachada que mira al ocaso de la Plaza Mayor, que es la primeramente construida de las cuatro que la integran; notable pabellĂłn profusamente ornamentado, sobre un elevado y airoso arco, destacĂĄndose en ĂŠl el busto de San Fernando, entre dos escudos de Salamanca finamente esculpidos al estilo churrigueresco, rematando la traza una graciosa espadaĂąa, en la que campea el escudo de EspaĂąa notablemente trabajado y en el remate de aquella se colocaba La Mariseca.

Tampoco fue su forma la actual, pues según D. Manuel Villar y Macías, en su Historia de Salamanca, “consistía en un bastidor cuadrilongo, sobre el que se extendía una tela roja y en ella, al pie de la imagen de un negro toro, se trazaban gruesas cifras de guarismos, con que se anunciaban los días de las funciones; pero desde 1840, cuando se estrenó la plaza de San Francisco, se mudó en un toro de hoja de lata, sobre el que se marcan en números blancos, los días de las corridas; una bandera flota sobre el toro que gira a manera de veleta, pero invertidos ya los objetos, el toro se alza sobre la bandera. Antiguamente, como se celebraban las funciones con más frecuencia, La Mariseca se izaba las vísperas que les correspondían, estando encargado de su colocación el que tenía a su cuidado las medidas del Ayuntamiento; que por el trabajo de ponerla y pintarla se le daba un toro de los que eran muertos en las corridas, según dispuso el Municipio el 13 de agosto de 1455”.

Este estandarte era acogido con frenĂŠtico regocijo y saludado con cariĂąo por todos los salmantinos que veĂ­an en ĂŠl el heraldo de fiestas y toros.

Tiene, en cambio, La Mariseca en su capítulo de cargos, el gravísimo de haber ocasionado dos homicidios por imprudencia temeraria: uno, el del Rollo de San Martín, anteriormente citado, y el otro, el día 25 de agosto de 1806, en que se colocaron en la Casa de la ciudad los bustos de los Reyes Carlos IV y María Luisa, y en la enjuta de los arcos próximos a la calle de del Prior otro busto de D. Manuel Godoy, éste picado durante la Guerra de la Independencia, cantándose un Te Deum con iluminaciones, campanas, colgaduras y una corrida de veinte vacas sueltas y (1) “para dar más realce a la función se acordó poner en la parte superior del pabellón de San Fernando, una bandera pintando en ella banderillas, espadas, cuernos y otros trofeos propios de tales funciones, y efectivamente, subió a colocarla un albañil del barrio de San Román, llamado de mote “Mariseca”, y cuando la había colocado a son de reloj de San Martín, tratando de asegurarla más cayó a la Plaza y quedó muerto en el acto. Aquel triste recuerdo dio nombre a la bandera que todavía se pone para anunciar las corridas de toros”.

No es verosĂ­mil que este lamentable suceso diera el nombre de Mariseca a la susodicha bandera, tomĂĄndolo del albaĂąil que la tenĂ­a a su cuidado cuando se matĂł al colocarla, pues segĂşn afirma D. Manuel Villar y MacĂ­as, se la conocĂ­a ya con el mismo nombre en el siglo XV.

En resumen, esta simbĂłlica bandera que ondea bizarramente en la espadaĂąa de la Casa Consistorial, desde el 25 de julio al 21 de septiembre, dĂ­a de San Mateo, en que finalizan los festejos de las ferias septembrinas, es una de las escasas notas tĂ­picas que nos van quedando en esta hora inconscientemente extranjeriza que va borrando una a una las caracterĂ­sticas de nuestra fisonomĂ­a regional, tan singular y racial antaĂąo, para encadenarnos a fiestas y costumbres exĂłticas, sin raigambre castiza ni sabor histĂłrico ni local. Y es que, acaso, todavĂ­a no hemos adquirido la consciencia de nuestra personalidad; pues, de lo contrario, conservarĂ­amos mimosa y apasionadamente estas pintorescas costumbres heredadas de nuestros antepasados, asĂ­ como conservamos la modesta alhaja que usĂł nuestra abuelita, y que hoy tiene todo el encanto de una evocaciĂłn enternecedora de aquella viejecita que tanto nos amĂł y fue dos veces nuestra madre.

Juan del Huerto

(1) Historia de Salamanca por Don Bernardo Dorado (1861).