La 'generación dorada' de Argentina dice adiós ante una Brasil que se toma revancha

Pablo Prigioni lideró a una Argentina que desaparecerá tal y como al conocemos hasta el momento pero que ha dejado grandes momentos en este deporte.

 

FICHA DEL PARTIDO

 

BRASIL: Marcelinho (-), Barbosa (10), Vieira (13), Varejao (8) y Splitter (10) -quinteto inicial--; Neto (21), Taylor (4), Garcia (5), Nené (7) y Giovannoni (7).

  

ARGENTINA: Campazzo (11), Prigioni (18), Gutiérrez (6), Nocioni (4) y Scola (9) --quinteto inicial--; Mata (-), Laprovittola (-), Herrmann (5), Delia (2) y Safar (10).

  

PARCIALES: 13-21, 20-15, 24-13 y 28-16.

  

ÁRBITROS: Lamonica (ITA), Radovic (CRO) y Vázquez (PUR). Sin eliminados.

  

PABELLÓN: Barclaycard Arena de Madrid. 13.450 espectadores.

La selección brasileña se ha clasificado para los cuartos de final de la Copa del Mundo, que disputará el próximo miércoles frente a Serbia, después de cobrarse una dulce venganza frente a Argentina (86-65), el vecino que le había condenado a la eliminación en los Juegos Olímpicos de Londres y en el Mundial de Turquía.

  

Vistiendo de negro y blanco como buenos antónimos, ambos equipos afrontaban un nuevo clásico sudamericano en octavos de final. Tras un buen comienzo de Argentina liderada por Pablo Prigioni (17 puntos), Brasil fue imponiendo su mayor poderío físico hasta apuntillar a la 'Generación Dorada' con el sorprendente Raulzinho Neto (21 puntos) como máximo anotador.

  

Argentina golpeó primero animado por el olor a mate que debía percibir, ya que las tonalidades albiceleste dominaban las gradas del Palacio de los Deportes. En un partido que supuestamente debía cocerse cerca de los aros, con el duelo de Luis Scola contra las tres 'torres' brasileñas, la línea de 6.75 enseguida metros cobró protagonismo.

  

El equipo de Julio Lamas tiró más de tres que de dos en el partido (29-27) y la extravagancia encontró justificación en el acierto del primer cuarto (5/9). El buen movimiento de bola pergeñado por Facundo Campazzo permitió posiciones cómodas de tiro para que los exteriores acertaran desde el perímetro (13-21, min.10).

  

Impecable resultó la labor de Pablo Prigioni en la primera parte, que finalizó con 15 puntos en el zurrón. Actuando como escolta y recordando viejos tiempos en un pabellón que conoce bien de su época en el Real Madrid, se vistió de arma letal en la primera parte para sumar 3/3 en triples, 2/2 en tiros de dos y además repartir tres asistencias. Ni Leandrinho Barbosa ni Alex Garcia encontraban el modo de parar al jugador de New York Knicks.

  

El acierto exterior neutralizaba la sequía de Scola y Andrés Nocioni -solo 3 puntos entre los dos-, bien frenados por Tiago Splitter, Anderson Varejao y Nene Hilario. Tenía que ser un invitado sorpresa, el veterano Guilherme Giovannoni, el encargado de recortar distancias con dos triples (24-27, min.15). Argentina empezó a depender demasiado de las travesuras de Campazzo y Brasil pudo estabilizar el encuentro impulsada por Barbosa (33-36 al descanso).

 

NETO REMATA A LA 'GENERACIÓN DORADA'

  

Pese a la dimisión de Marcelinho Huertas, el equipo de Roberto Magnano -ganador del oro olímpico en 2004 con la albiceleste- se las apañó para virar el destino del partido, beneficiado sin duda por la desesperación de un Scola que debía continuar en Sevilla. Hasta cuatro tiros libres seguidos marró el jugador de Indiana Pacers al inicio del tercer cuarto.

  

Y con su baluarte mirando al infinito, a la que los triples dejaron de entrar se derrumbó Argentina. Un parcial de 15-3 colocaba a los brasileños cerca de la venganza soñada (48-39, min.26). Había despertado el talento de Marquinhos Vieira (13 puntos) y la voracidad del juego interior de la 'verdeamerela', que se apropió del rebote a la llamada de corneta de Varejao (39-26 al final del partido).

 

El viento ya no dejó de soplar a favor de Brasil, que además vivió la agradable sorpresa de comprobar cómo Neto hacia olvidar la mala noche de Marcelinho. En un equipo con nueve jugadores por encima de la treintena, el flamante fichaje del UCAM Murcia demostró a sus 22 años que algún mimbre existe para el relevo generacional. Acabó volviendo loco a Campazzo aplicándole su propia medicina.

  

Argentina siguió tumbado en el diván desde la línea de triple, solo que esta vez no lograba resolver sus dudas existenciales porque el aro escupía la pelota una y otra vez. Con su única arma de la noche capada, capituló sin remedio (73-55, min.36) ante un adversario que se relamía enumerando las cuentas que había ajustado en una sola noche.