La derrota más amarga

SE ACABÓ LA RACHA. El Salamanca cae por primera vez a domicilio esta temporada tras un derbi intenso en el que dispuso de las ocasiones más claras. HOMENAJE. El equipo se vació buscando la victoria para dedicársela a Miguel
Teresa Sánchez / Valladolid
Todas las derrotas escuecen, pero es inevitable que unas lo hagan más que otras. La de ayer le dolió especialmente al Salamanca y no porque se rompiera su racha a domicilio y perdiera su condición de invicto. Tampoco porque se perdiera el esperado derbi ante el Real Valladolid y ni siquiera porque el equipo salmantino no fuera, para nada, inferior a su adversario. Si por algo escoció perder el encuentro de ayer fue porque había un especial deseo de recoger los tres puntos y envolverlos en el paquete más grande y espectacular posible para entregárselo a Miguel. No pudo ser, pero no porque no se intentara sino que al Salamanca le faltó lo único en lo que le superó el Valladolid, un remate certero.

No fue un encuentro bonito pero sí muy intenso, sobre todo por parte de los jugadores del Salamanca que hicieron de la presión su mejor arma y agobiaron al Real Valladolid, sobre todo en tres cuartos de campo, hasta que aguantaron las fuerzas y hasta que los locales fueron zarandeados por su entrenador que veía cómo en sus filas faltaban las ganas que sobraban en las blanquinegras.

Empezaron tanteándose los dos equipos y fue justo al final del minuto seis del encuentro, cuando aún resonaba el eco del grito unánime “¡Miguel García!” que toda la grada quiso hacer llegar al centrocampista albaceteño, cuando el Salamanca se presentó por primera vez con peligro ante Jacobo, aunque el disparo de Sarmiento no tuvo la potencia suficiente para sorprender.

Estaba mucho más cómoda la Unión que su adversario, sorprendido por la primera línea de presión del equipo de Óscar Cano. Los tres de arriba se multiplicaban y encontraban en Yuste y Zamora los escuderos perfectos para recuperar y avanzar. Faltaba el último pase o el centímetro justo para alcanzar el balón, como les sucedió a Moratón y Juanjo cuando no pudieron cabecear por un pelo un envío de falta de Perico. Las incorporaciones desde atrás de Arbilla, en buena sintonía con Brian, también sorprendían a un Valladolid que se limitaba a intentar alejar el balón de su portería y a buscar a un Sisi bien controlado en esa primera mitad.

Para completar el cuadro Kike López, activo pero precipitado, pisó área con mucho peligro pero sin acierto en el pase que podía ser el definitivo.

La sensación era que los locales querían que llegara el descanso y a punto estuvieron de hacerlo con disgusto porque Juanjo intentó lo imposible y a punto estuvo de conseguirlo tras controlar un balón en el área de espaldas, llevárselo entre tres rivales y ajustar una media volea que se marchó fuera por poco.

Si algo cambió tras la reanudación fue la actitud del Valladolid, que ahora sí intentó plantar cara al Salamanca y demostrar su calidad. Con un mayor empuje y buscando sobre todo combinaciones por banda entre Pedro López, Guerra y Sisi, lograron retrasar la línea de presión de los unionistas, que poco a poco se fueron resguardando más cerca de su área. Ahí el peligro de los unionistas estaba en las contras y en un par de ocasiones lograron salir en superioridad pero más de una vez faltó esa idea preclara para elegir la mejor opción en el pase final. Y, pese a ello, la Unión tuvo el partido en sus manos por dos veces. Dos ocasiones en las que los unionistas, primero Kike y después Perico, se quedaron cara a cara con Jacobo pero el primero se trastabilló y dudó y el segundo no acabó de acomodarse el balón a su pierna buena y falló con la derecha con un remate demasiado fácil. Y entonces sucedió lo de siempre. El que perdona lo paga. Poco después el guineano Alhassane Keita lograba marcharse de Arbilla, a quien no le llegó a tiempo la ayuda de Sarmiento, y así propició un espléndido tanto de Javi Guerra, que entró con fuerza al primer palo adelantándose a Goikoetxea. Un duro golpe, en el momento más inoportuno y cuando más duele. El Salamanca no pudo reaccionar pese a los cambios y acabó cediendo.