La cruda e injusta realidad

DERROTA INMERECIDA. Un autogol y la falta de precisión en los propios remates explican que los tres puntos volaran del estadio Helmántico.
TERESA SÁNCHEZ
El Málaga subió a Primera hace tres años jugando un fútbol parecido al que ayer ofreció el Rayo en el Helmántico. Un año más tarde el Xerez siguió ese mismo camino y cualquiera, hoy por hoy, da al conjunto madrileño como uno de los favoritos al ascenso. Lo tiene todo: El presupuesto, los hombres y la lección bien aprendida. Aprovechar la ocasión y matar el partido. Con esa receta se llevó ayer los tres puntos del estadio Helmántico. A lo mejor no fue el que más expuso, el que más lo buscó pero sí el que acertó en el momento oportuno y se vio favorecido por esos pequeños detalles que deciden en esta categoría. Así de injusto a veces, pero la cruda realidad.

El Salamanca, con tantas luces como sombras durante el partido, sí que intentó enjugar la imagen dejada en el Martínez Valero y luchó por los tres puntos. Tuvo ocasión de conseguir al menos uno, pero o le faltó acierto o le faltó puntería o se encontró con algo incontrolable como una decisión arbitral mal tomada, que anuló un gol legal. Ante eso, poco que hacer. Así de injusto, así de crudo.

De los primeros instantes del encuentro se pudo deducir que el Salamanca quería llevar el control a partir de recuperar pronto el balón. Por eso comenzó ejerciendo una fuerte presión sobre la salida del balón desde el área del Rayo, que en ocasiones dificultaba la salida y provocaba rápidas recuperaciones de los unionistas. Sin embargo, no lo aprovechaba. Se llegaba hasta las inmediaciones de Cobeño, se conseguía centrar al área, sobre todo desde la banda derecha, pero sin encontrar rematador.

El Rayo, sin embargo, sí conseguía generar peligro cada vez que superaba la medular. Empezó teniendo una oportunidad muy clara tras equivocarse Moratón en un despeje y dejar el balón a los pies de Movilla, que no marcó porque Goiko se cruzó en el momento oportuno, y continuó generando inquietud sobre todo en las acciones a balón parado. En una de ella, tras un saque de esquina, llegó el tanto rayista. Los de Sandoval convierten cada una de estas acciones en una auténtica batalla campal en el área pequeña y de ello saben aprovecharse.

Sacó en corto el córner y Piti centró la bola al área con la mala suerte para el Salamanca y buena para el Rayo de que Marcos Márquez tocó el balón de cabeza y éste salió haciendo una vaselina por encima de Biel.

El Salamanca, que no parecía cómodo antes del tanto, no recuperó fuelle tras recibir el golpe, más bien al contrario. Le costaba mucho al equipo de Cano salir de su campo porque el Rayo adelantó líneas y nadie conseguía darle fluidez al juego, rapidez al desplazamiento de balón, para librarse de la presión. Apenas algunas salidas aisladas, sobre todo aprovechando el empuje que le pusieron Arbilla y Sarmiento y llegadas contadas que finalizaban con disparos lejanos de Perico o Kike.

El Rayo dispuso de una clarísima ocasión para hacer el segundo. Movilla se encontró con un pase de la muerte justo en el centro del área charra y no pudo concretar su ocasión porque se topó con un Moratón que se cruzó en el momento oportuno con Biel ya batido. El balance ofensivo continuó siendo favorable para los visitantes, que por medio de Piti volvieron a probar fortuna con un disparo que se marchó desviado.

La segunda mitad fue claramente de los unionistas que vieron pronto cómo les anulaban un gol a todas luces legal. Un error grave del colegiado que pitó fuera de juego de Sarmiento cuando no lo era. El argentino habilitó a Marcos, que pudo resarcirse del tanto en propia meta, pero el linier se lo impidió. La Unión lo siguió intentando, más con empuje que con buen juego y casi en las postrimerías tuvo una clarísima ocasión que el punta andaluz no supo aprovechar. Cobeño le detuvo un disparo franco en el área, mientras el asistente en la acción, Kike López, reclamaba penalti porque fue empujado mientras realizaba el centro. El trencilla no estaba por la labor y ahí murió cualquier opción de sumar para mantenerse en la zona noble. Es la cruda realidad.