La Code, una marcha para valientes

Más de 600 personas se congregaron en el colagón del Tío Paco para poner fin a la decimosexta edición de esta ruta
miguel corral

Aun así, la belleza que en esta época presentan los manchones de vegetación salpicada por la flor de los almendros y cerezos bravíos que emergen entre los arribanzos, mereció la pena. Ante esto y sin pensar más que en lo que verían sus ojos, sucumbieron nada menos que 600 personas; y como dicen que ‘no hay mal que por bien no venga’, la temperatura, más suave que de costumbre por estos lares, facilitó el ascenso por el cañón del Duero entre esfayaderos y berruecos que en pocos metros, sin que el cuerpo tenga tiempo a adaptarse, sitúan al caminante entre la altitud de la meseta y el Atlántico.

Esta circunstancia fue acusada especialmente por quienes no están acostumbrados a sortear los reventones entre las laderas del gran río, y aunque con menos dificultad que otros recorridos, el ascenso hasta el camino de La Code hizo mella en los senderistas de asfalto, pues comprobaron que recorrer a buen paso el firme de adoquines nada tiene que ver con el caminar pausado que requieren los bancales o los senderos que rodean racheros y resbalinas. Pero lo realmente destacado de este día fue la fidelidad que más de medio millar de personas demostraron a esta cita, sin duda, un encuentro mágico con la naturaleza, rodeados de un paisaje en plena efervescencia con la vida. La flor de escoba aparecía como una alfombra de blanco marfil que embriagaba el aire de aromas dulces, mientras de los cerezos colgaban relucientes estrellas ante la atenta mirada de la peña El Águila, vigía de ese caos en armonía, de la anarquía en el orden natural de la vida.

A las diez de la mañana, estaban ya en la Plaza miezuca los valientes dispuestos a afrontar la decimosexta edición de la Ruta Arribes del Duero, cita habitual del primer domingo de abril en ese calendario de marchas senderistas de la provincia. Tras la entrega de un polo como obsequio conmemorativo de la jornada, el primero de los grupos partía media hora más tarde con dirección al camino Vilvestre y hacia el Arroyo La Cana; y así hasta una decena de grupos con sus guías correspondientes que llegarían tres horas más tarde al colagón del Tío Paco dispuestos a dar cuenta de los asados de carne.