La Code, Arribes en toda su expresión

Con la primavera asomada ya en los cerezos, la XV Ruta de Senderismo Arribes del Duero cosechó un nuevo éxito en cuanto a participación y organización, todo un reto en esto último si se tiene en cuenta el cambio a última hora del recorrido a indicaciones de la dirección del Parque Natural.
MIGUEL CORRAL

En cuanto a lo primero, la asistencia de cerca de 800 personas estuvo influenciada por las excelentes temperaturas de la jornada, propias del mes de abril, lo cual, si resulta un aliciente añadido para no perderse esta cita, a más de uno le puso en apuros, especialmente en el último tramo del nuevo itinerario de unos siete kilómetros de recorrido, corto para lo que esta marcha acostumbra, pero muy duro, excesivamente duro para cientos de piernas acostumbradas al cemento.

Sin mayores problemas que alguna que otra torcedura y el sofoco de quienes se vieron sorprendidos por los reventones entre las laderas del Gran Río, la segunda parte de la etapa –que dejaba a un lado a La Code– hizo mella en los senderistas de asfalto, pues nada tienen que ver los paseos ligeros entre adoquines con el caminar pausado que requiere la subida de bancales y senderos que bordean racheros y picones.

Y ahí fue donde la experiencia de sus organizadores se hizo notar, y la excelente respuesta de los equipos de voluntarios de Cruz Roja y Protección Civil de Vitigudino hicieron el resto para que finalmente esta ruta se convirtiese, en el merendero del Colagón del Tío Paco, en toda una fiesta, y la que –por supuesto– fue posible gracias al medio centenar de colaboradores que de forma altruista se encargaron de asar y repartir cerca de 600 kilos de carne.

Así las cosas, a las 10.45 horas, el millar de senderistas que participaron en esta edición se congregó en la plaza para recibir el obsequio pertinente por su asistencia, en esta ocasión una sudadera grabada con el nombre de esta ruta. A esa hora tomaban la salida los distintos grupos en dirección a La Moral de Abajo, para atravesar después por El Horno y bajar el arroyo Santa Marina para no molestar a la pareja de alimoches que nidifican en un hastial al otro lado del Duero, en Portugal, y que obligó a los senderistas a pasar por debajo de La Code y subir casi en vertical por el sendero que bordea el arroyo de Los Cachones.

En más de un participante se pudo apreciar durante la jornada de ayer el rostro desencajado por el esfuerzo, aunque seguro que mereció la pena, pues la merienda en el colagón del Tío Paco y los sones del tamboril también ayudaron.