La ciudad secunda a medias el apagón simbólico contra el cambio climático

Actuando juntos, todos somos partes de la solución. Con esta llamada a la movilización, la organización internacional naturalista WWF organizó en la jornada de ayer la Hora del Planeta 2010 para alertar sobre el riesgo cada vez más evidente del cambio climático e instar a los gobiernos de todo el mundo a actuar.
J. R.

Un toque de atención que desde Salamanca tuvo una respuesta positiva a medias tanto desde las instituciones y las organizaciones privadas como por parte de los vecinos. La ciudad perdió parcialmente su iluminación entre las 20.30 y las 21.30 horas de la noche. No fue un fallo eléctrico. Fue la aportación local a la Hora del Planeta 2010. Como ocurriera en las grandes ciudades españolas y mundiales, las luces desaparecieron de forma testimonial durante sesenta minutos.

De repente, mientras cientos de salmantinos y turistas, presentes en la ciudad en la antesala de la Semana Santa, paseaban por la Plaza Mayor, el ágora se quedó a oscuras. El objetivo merecía la pena, concienciar a toda la sociedad en la preservación de nuestro mundo. La iluminación artística de las fachadas desapareció en un intento por conseguir la atención de los ciudadanos. El motivo, claro y directo. El cambio climático es una realidad y entre todos podemos contribuir a paralizarlo “a pesar del insuficiente acuerdo de Copenhague”, explican desde la organización WWF, que trasladó ayer un mensaje de trascendencia internacional: Apaga la luz, enciende el planeta.

El simbólico apagón no se limitó a la Plaza Mayor. Además del Ayuntamiento, distintas organizaciones optaron ayer por unirse a una iniciativa que se repitió en 3.400 ciudades de 121 países de todo el hemisferio. El Corte Inglés y los paradores de la provincia aceptaron la petición de WWF. Todos al unísono, a partir de las ocho y media, dejaron en negro sus luces para reivindicar una solución conjunta contra el cambio climático con medidas como una reducción de las emisiones de dióxido de carbono. Sin embargo, edificios emblemáticos como la Universidad y las Catedrales se olvidaron de su compromiso con el planeta.