La calabaza, algo más que un adorno de Halloween

La calabaza es algo más que un adorno de Halloween, pese a que en estos días esta sea su función primordial. Las propiedades y beneficios que tiene son muchos y es excelente fuente de salud incorporada a una dieta equilibrada

Esta deliciosa hortaliza, emparentada con el melón y la sandía, siempre ha llamado la atención por su espectacular tamaño que ha llevado a que se organicen concursos por todo el mundo que premian el ejemplar más grande, muchos de ellos superan los 50 kilogramos de peso. Sin embargo, lo más interesante de la calabaza no es su tamaño sino sus beneficiosas propiedades salutíferas y nutricionales.

 

 EL ORIGEN DE LA CALABAZA    

 

Según explica a Infosalus Santi Ávalos, cocinero y autor de 'Alimenta tu cerebro' y 'La dieta antiinflamatoria' de la editorial RBA, el origen de esta hortaliza es incierto ya que algunos investigadores creen que proviene de América Central, mientras que otros aseguran la existencia de documentos que atestiguan su consumo por los antiguos griegos. 

 

"Lo cierto es que tanto los Mayas, como otras grandes culturas de Mesoamérica, le tenían gran aprecio por su valor alimenticio y medicinal, y la cultivaban, junto al maíz, desde tiempos ya remotos. Los españoles la introdujeron definitivamente en Europa, en el siglo XVI", apunta Ávalos.

 

La calabaza destaca sobre todo, por ser un alimento digestivo y ligero, ya que contiene mucha agua y pocas calorías. Su pulpa es un conocido calmante de todo tipo de inflamaciones del intestino o del estómago y desde bien antiguo se ha empleado por la medicina popular para tratar los síntomas de la gastritis crónica o el síndrome de colon irritable.

 

"A pesar de ello, algunas personas pueden sufrir ligeras flatulencias al consumirla, un problema menor que se suele corregir fácilmente cuando se mejora la flora intestinal con alimentos prebióticos y se cocina condimentada con hierbas y especias carminativas", advierte el cocinero.

 

LAS VIRTUDES NUTRITIVAS DE LA CALABAZA    

 

La calabaza aporta minerales como el potasio, el magnesio, el fósforo y, en menor medida, el hierro. También es una buena fuente de vitamina C y ácido fólico, pero sobre todo, de betacarotenos (pro-vitamina A), "lo que le confiere ese bonito color anaranjado que comparte con las zanahorias", apunta Ávalos.

 

Su alto contenido en betacarotenos la convierten en un alimento con un gran poder antioxidante, y además, muy aconsejable para incluir en nuestra dieta en el caso de que queramos mejorar nuestra función visual. Se recomienda incluir en la dieta tras demostrar que ayuda a reducir el riesgo de trastornos como la ceguera nocturna, fatiga ocular, cataratas, glaucoma o degeneración macular. 

 

"Esta hortaliza, sobre todo cuando la preparamos asada en el horno, tiene un gran efecto saciante. Esta es una virtud, que unida al hecho de que se trata de un alimento que contiene mucha agua, pocas grasas y una considerable fibra vegetal, la convierte en un ingrediente que hay que tener muy en cuenta en la planificación de dietas de adelgazamiento", comenta el autor.

 

Su prestigio en este tipo de regímenes, está también influido por el efecto diurético de su pulpa, que tiene un alto contenido en potasio y una reducida concentración en sodio. "No solo trata con respeto nuestros riñones, si no que ejerce un efecto de desintoxicación y limpieza que redunda en una mejora general de nuestro estado de salud y vitalidad", añade Ávalos. 

 

En la antigua herbolaria mexicana se empleaba, y aún se emplea, la pulpa de calabaza, en forma de apósito, para tratar las quemaduras leves. Con este simple remedio es posible acelerar la cicatrización y reducir la inflamación y el dolor.


SEMILLAS DE CALABAZA: UN TESORO NUTRICIONAL    

 

Las semillas de calabaza, que se consumen en ciertas sociedades africanas como símbolo de inteligencia, son también la razón de que esta humilde hortaliza esté adquiriendo un merecido prestigio como alimento funcional. Es decir, como una fuente de sustancias con un efecto activo y beneficioso sobre nuestra salud, más allá de los principios nutritivos que contiene.

 

Se cree que en la antigüedad se comenzó a cultivar la calabaza con el único fin de aprovechar sus semillas. Esto es algo que no resulta extraño ya que las semillas de esta curcubitácea son un auténtico tesoro nutricional y nutracéutico, ya que concentran un elenco de vitaminas, minerales y antioxidantes que son capaces de mejorar funciones importantes de nuestro organismo, actúan como preventivo de determinadas enfermedades, e incluso pueden tener un efecto terapéutico en el caso de algunos trastornos leves.

 

PROPIEDADES DE LA CALABAZA    

 

Estas pipas se obtienen de los ejemplares de invierno muy maduros y destacan, en primer lugar, como una de las mejores fuentes vegetales de zinc. Este oligoelemento es fundamental para la salud del aparato genital masculino, así como para combatir los problemas prostáticos (una buena parte de los pocos gramos de este mineral que concentra el cuerpo humano se localizan en la próstata). Además, contribuye al buen funcionamiento del sistema inmunitario, y es primordial para el crecimiento durante el embarazo, la infancia y la adolescencia.

 

También aportan vitamina E, y lo que es más importante aún, con una gran biodisponibilidad, ya que en las semillas de calabaza se encuentra en formatos químicos muy aprovechables por nuestro organismo, como el alfa-tocoferol, gamma-tocoferol, etc. "Esto es importante que se tenga en cuenta, porque aunque existen otras fuentes que aportan cantidades superiores de esta valiosa vitamina de acción antioxidante, no deberíamos nunca desdeñar el factor calidad, que en este,  como en muchos otros nutrientes, tiene una importancia decisiva", aclara Ávalos.