La apuesta soberanista de Artur Mas se estrella

El líder de CiU ha perdido doce escaños en relación a las pasadas elecciones catalanas.
EUROPA PRESS

La apuesta soberanista del candidato de CiU, Artur Mas, se ha estrellado en las elecciones autonómicas celebradas en la jornada de hoy, al conseguir tan solo 50 escaños, 12 menos de los que obtuvo en 2010 y muy lejos de la mayoría absoluta (68 escaños), que era el objetivo que buscaba la coalición nacionalista.    

Con el 95,29 por ciento escrutado, CiU obtiene el 30,4% de los votos y 50 diputados, aunque gana en las cuatro provincias y se impone en la capital catalana y en todas las comarcas salvo en el Baix Llobregat.   

No obstante, este resultado no era el esperado, puesto que pedía una "mayoría excepcional" para un contexto histórico, y además, se aleja de la mayoría absoluta que había pronosticado el Centro de Estudios de Opinión (CEO) y también los primeros sondeos de opinión que se hicieron públicos después de la convocatoria electoral.   

La federación nacionalista ha ganado ininterrumpidamente todas las elecciones catalanas desde la Transición, y ha obtenido mayoría absoluta en 1984, 1988 y 1992. La mayoría absoluta la perdió en las elecciones autonómicas de 1995, después de los acuerdos que firmó con el PSOE en el Congreso, aunque logró ser la formación con más escaños en 1999 y 2003, pese a que en ambas ocasiones, la coalición PSC-Ciutadans pel Canvi liderada por Pasqual Margall ganó en votos.   

En las primeras elecciones democráticas, las de 1977, CDC y UDC se presentaron por separado: Convergència lideraba el 'Pacte Democràtic' que quedó cuarta fuerza política, y UDC se integró en 'Centre Català'. Ambas fuerzas ocupaban un espacio político similar, y acabaron por sumar, y lo hicieron por primera vez en las elecciones municipales de 1979, y luego en las catalanas de 1980, donde ganaron pese a que los pronósticos indicaban una victoria de las izquierdas.   

Bajo el liderazgo de Jordi Pujol, CiU consiguió su primera mayoría absoluta en 1984, aunque en Catalunya, se ha dado la circunstancia hasta 2011 que en las elecciones municipales y generales, el partido más votado era el PSC. En los últimos años, la federación ha logrado frenar la caída que había iniciado CiU a partir de finales de los 90, y consolidarse como primer partido en número de votos de Cataluña.   

En las elecciones municipales de 2011, CiU hizo historia: por vez primera fue el partido más votado en Catalunya, gobierna las cuatro diputaciones provinciales y también el Ayuntamiento de Barcelona, y además recuperó capitales comarcales hasta entonces en manos de la izquierda como Manresa e Igualada.   

En las generales de hace un año, CiU también logró ser la primera fuerza política: si en las generales de 2004 y 2008 la candidatura liderada por Josep Antoni Duran había logrado diez escaños, en las legislativas de 2011 consiguió 16 escaños, dos más que el PSC. Estos resultados ponen fin a la denominada 'travesía del desierto', el periodo comprendido entre 2003 y 2010, en el que la federación estuvo en la oposición en la Generalitat y en los principales municipios de Catalunya y, pese a la adversidad, mantuvo la cohesión interna y fue decisiva en procesos como la reforma del Estatut.

GIRO SOBERANISTA
El derecho a decidir ha sido el 'leitmotiv' de su campaña electoral tras dar por finalizada la legislatura más corta de la historia del Parlament, cuando solo llevaba gobernando dos años en solitario con 62 diputados, a seis de la mayoría absoluta, lo que le obligó a tener que pactar gran parte de los recortes y sus políticas presupuestarias con el PP.   

La apuesta soberanista de CDC ya se hizo patente en el último congreso de CDC de marzo, donde se aprobó una ponencia para avanzar hacia el Estado propio, mostrando abiertamente la línea a seguir, pero fue la última y masiva manifestación de la Diada y el no al 'pacto fiscal' del presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, decidió convocar elecciones anticipadas.   

Por su parte, el líder de UDC y portavoz de CiU en el Congreso, Josep Antoni Duran, aboga por una España "confederal", y los democristianos reivindicaron en mayo en su congreso el derecho de autodeterminación, como ya había aprobado en 2000.