La alta cocina desciende de los altares en forma de pincho para experiencia de los parroquianos

Hasta este domingo se pueden probar los 49 pinchos que han participado en el Concurso Nacional Ciudad de Valladolid. 

La gastronomía se ha convertido en una auténtica religión en el siglo XXI que conquista el paladar y el corazón de, cada vez, más fieles. Ya no basta solo con comer y beber bien, el arte culinario debe ir acompañado de toda una liturgia convertida en un maná para todos los sentidos.

 

Y en esa religión, Valladolid se ha erigido en una las catedrales más importantes. Sin ir más lejos esta semana ha celebrado una de sus fiestas de guardar más importantes del año: el Concurso Nacional de Pinchos y Tapas, que cumplía su décima edición. La alta cocina se arrodilla ante la cocina en miniatura, y las creaciones de los sumos sacerdotes de los fogones descienden de los altares para que los parroquianos de a pie puedan probar ese bocado de auténticos dioses en 45 establecimientos vallisoletanos.

 

Este es el secreto para Jaime Fernández, presidente de la Asociación Provincial de Hosteleros que junto al Ayuntamiento organizan el certamen. “Es un éxito que todo el mundo pueda probar los 49 pinchos que participan en el concurso”. Durante toda esta semana, los bares y restaurantes que han acogido a los cocineros llegados desde toda la geografía nacional ofrecen estos pinchos vanguardistas, que en algunos casos probarlos es una experiencia casi mística y religiosa.

 

Fernández asegura que la décima edición del Concurso nacional ha sido “redonda”. “Ha habido una altísima calidad en los pinchos participantes, una repercusión mediática excelente y mucho movimiento en los restaurantes de Valladolid”.

 

De hecho, desde el pasado jueves, según el responsable de la Asociación provincial de hostelería se ha incrementado notablemente el número de vallisoletanos y visitantes que han querido probar los pinchos a concursos, aunque claro está los más demandados han sido los ganadores, especialmente el Qué percibes, creación del cocinero Iñaki Rodrigo, del Punk Bach de Madrid.

 

A pesar de que todo ha salido “a pedir de boca” tal y como auguraba el alcalde de Valladolid, Francisco Javier León de la Riva, en la inauguración; Jaime Fernández dice que ya piensa en la undécima edición. “Siempre hay flecos que mejorar e ideas que aportar”. Por el momento, los fieles a la ‘religión gastronómica’ pueden seguir entrando en sus particulares templos del buen comer para probar el 'pan nuestro de cada día' transverberado en forma de pincho. Amen.