Jesús Castro: "pensé que acabaría siendo camarero"

Foto: Europa Press

Tras triunfar en el cine y sorprender como uno de los actores revelación, el gaditano de 22 años rueda su segunda serie, Mar de plástico.

Ha pasado poco más de un año desde que Jesús Castro saltó a la popularidad. Sus aires de chico malo y sus ojos azules conquistaron al gran público y poco a poco ha ido dejando ver todo el talento que tenía dentro.    

 

Tras triunfar en el cine y sorprender como uno de los actores revelación, el gaditano de 22 años rueda su segunda serie, Mar de plástico. Esta vez lo hace volviendo a su tierra, a Andalucía, concretamente a los invernaderos de Cortijo Blanco en Almería.

 

Allí da vida a Lucas, un joven de pueblo, racista y dueño del único bar del lugar, además confiesa que se trata del papel más difícil que ha interpretado hasta el momento. El actor pasó de ser churrero a dejarse seducir por la interpretación, y según parece ha llegado para quedarse. Una profesión que lo ha enamorado y por la que lleva ya dos años sin vacaciones.

 

-¿Cómo está siendo el rodaje con estas temperaturas?

-Es muy difícil, las temperaturas son abrasantes y además está el vestuario. Estamos en Almeria, en Andalucía, mi tierra, y en ese aspecto estoy muy contento.


-¿Es diferente?

-Sí, no sé el qué pero trabajar en Almería es diferente.


- ¿Cómo aprovechas el tiempo libre que os queda?

 -Voy a la playa, estoy en el hotel o voy al gimnasio. No hago mucho porque nos queda muy poco tiempo.


-¿Cómo surge que formes parte de esta serie?

-Estaba rodando otra serie y me comentaron este proyecto. Me enviaron el guion y Eva Leire y Yolanda Serrano me dieron una separata para hacer la prueba. La pasé y hago de Lucas, un chaval de pueblo que nunca ha salido de allí. Lleva el único bar que hay en el pueblo, es racista y cree que la emigración es la culpable de todo lo malo que pasa en el
pueblo.


-¿Eres asesino?

-Eso lo veremos en el siguiente capítulo (ríe).


-Tienes poco que ver con tu personaje…

-No, no tengo nada que ver, yo soy un cacho de pan.


-Se refleja la dureza en la que viven los inmigrantes…

-Sí, son nefastas las condiciones económicas y las climatológicas también. Dentro de uno de los plásticos del invernadero la temperatura puede rondar los 50 grados. Imagino que si nosotros lo pasamos mal, ponerme en la piel real de uno de ellos debe ser horrible.


-¿Crees que esta serie generará polémica?

-No lo sé. Ahora mismo no pienso en eso, pienso en hacer un buen trabajo y que el resultado sea bueno. A partir de ahí ya veremos qué viene.


-Se compara esta serie con “La isla mínima”, tú que has estado en los dos proyectos, ¿Crees que es verdad?

-Lo que corroboro es que la localización tiene una fuerza increíble y se convierte en un personaje más. Los fondos son espectaculares y te meten en el ambiente.


-Llegaste a la interpretación de casualidad y parece que has llegado para quedarte…  

-De eso se trata, de llegar para quedarse, no hacer un proyecto y desaparecer. Pensaba que durante un tiempo me conocerían por “El niño” y después trabajaría poniendo copas. Al final he ido empalmando un proyecto con otro y parece que voy por el buen camino.