Hotel Universal: una ruina prolongada en el corazón de la Salamanca patrimonio

El edificio que albergó el hotel lleva desde 2007 declarado en ruina sin que el Ayuntamiento de Salamanca haya obligado a la promotora que lo compró a llevar a cabo una rehabilitación definitiva: incluso presentó tarde la inspección de edificios sin que se haya actuado.

La Rúa es una de las joyas de la corona del conjunto patrimonial salmantino. Una calle que nació del empeño de un alcalde, el histórico Pollo Martín, que fue el artífice del recorrido que hoy conocemos y que une dos de los grandes símbolos de la ciudad, su Plaza Mayor y las catedrales. El trayecto ideado a finales del siglo XIX abría una nueva vía para conectar el Corrillo con la plaza de Anaya y fue necesario expropiar propiedades y enfrentarse con algún acaudalado personaje para conseguirlo. Lo que se levantó fue una de las calles más características de Salamanca.

 

La Rúa sigue siendo hoy paso imprescindible en el recorrido de todo aquel que se precie en conocer la Salamanca Patrimonio de la Humanidad. Sin embargo, desde hace años el paseo tiene varios puntos negros. El primero, pero no el único, aparece a la altura del número 13. Allí está el edificio que albergó el antiguo Hotel Universal,  una de las construcciones más notables de la Rúa, con una fachada que ocupa 22 metros y que contribuyó a forjar el carácter arquitectónico de esta calle. Un pedigrí que no le ha servido de nada para escapar a un abandono flagrante en el que su esplendor es un mero recuerdo.

 

El edificio lleva cerca de ocho años en esta incomprensible situación. Fue el 15 de mayo de 2007 cuando un decreto de alcaldía obligaba al desalojo del edificio (todavía tenía inquilinos y comercios abiertos) y declaraba su ruina inminente. Semanas antes, el 16 de marzo de aquel año, el aviso del abogado de uno de los locales de la planta baja alertaba de ruidos: una de las plantas se había caído. Era el resultado del progresivo deterioro que estaba sufriendo el edificio y que se había acentuado desde que dejara de albergar el hotel. De hecho, las primeras denuncias sobre el desprendimiento de elementos de su fachada datan de 1997 y habían sido constantes y repetidas hasta ese 2007.

 

Sin embargo, nunca fue posible que la propiedad frenara el evidente deterioro del edificio. Los numerosos intentos de técnicos y Policía Local para acceder al edificio son en vano: nadie en el edificio contesta las llamadas y la única manera de ponerse en contacto con los moradores de las viviendas del interior es pasar una nota por debajo de la puerta, dicen los inquilinos de los locales comerciales. Así se hace llegar a Pilar Concepción y Consuelo López García un aviso del Ayuntamiento: se les insta a tomar las medidas necesarias para frenar el deterioro del edificio. No es hasta finales de 2006 que los técnicos le ven la cara a una de las propietarias: es el día 22 de diciembre cuando se consigue hacer llegar la resolución judicial a Doña Pilar. La entrega fue accidentada: la puerta no tenía timbre y se procedió a avisar a través de un familiar, la inquilina bajó al portal, pero se negó a permitir el acceso y prácticamente le dio ‘con la puerta en las narices’ a los técnicos municipales, se forzó la puerta y, finalmente, la Policía Local consiguió que Doña Pilar Concepción recogiera la orden: apareció tras llamarla a voces y con las mismas desapareció en la segunda planta. Esta es la descripción que se hace del momento en el BOP de 2 de mayo de 2007:

 

"La funcionaria del Juzgado telefoneó al mismo y le indicaron que podían ser forzadas ese mismo día; la Policía Local avisó telefónicamente al Servicio de Bomberos, que se personó y forzaron la cancela y la puerta de carpintería de aluminio y vidrio, accediendo al interior un policía local, los dos funcionarios municipales y la funcionaria del Juzgado que entregó a Doña Pilar Concepción la autorización cuando ésta, por fin, se personó en la segunda planta tras llamarla a voces repetidamente mientras se ascendía por las deterioradas escaleras del antiguo Hotel".

 

 

¿CUÁL ES SU ESTADO?

 

El relato que se hace da idea de lo que se encontraron los técnicos y la Policía Local al entrar en el lugar. En diciembre de 2003, cuatro años atrás de este episodio, una inspección desde la vía pública y desde una escala de bomberos ya avisaba del avanzado estado de deterioro, que había ido a más. El resultado, una cubierta parcialmente hundida, marquesina oxidada, moho en la piedra y deterioro de la fachada... la falta de mantenimiento ha dejado paso libre al agua que ha deteriorado la estructura y su interior. Así se describe:

 

"La espléndida escalera del hotel se encuentra muy deteriorada al caer las aguas sobre ella, pues el gran lucernario existente apenas cuenta con la tercera parte de sus vidrios en buen estado; a esto hay que unir los daños generalizados en muchas partes del edificio provocados por la entrada de palomas y sus consabidas defecaciones. Los olores, a pesar de la «notable» ventilación, se hacen casi insoportables pues se suman a dichas defecaciones el olor de la madera en descomposición, los numerosos colchones y sofás del hotel, muchos empapados, la acumulación de revistas y períodicos también empapados, el agua estancada en lonas de plástico colocadas en el piso y en falsos techos par intentar evitar que el agua llegue a plantas inferiores y las defecaciones de animales domésticos (dos perros y un gato) en pasillos que se acumulan a lo largo de los años".

 

En varias habitaciones del hotel hay acumulación de enseres, cartones, ropa, colchones que contribuyen, con el agua que les cae encima, a sobrecargar la estructura. Aunque la inquilina identificada, Pilar Concepción López, asegura que solo va a dar de comer a sus mascotas, los técnicos sospechan que vive allí, al menos, ocasionalmente.

 

Este esperpéntico capítulo llevó al Ayuntamiento a decretar el desalojo y declaración de ruina inminente, primero, y a ordenar a la propiedad que lleve a cabo el apuntalamiento del edificio, la demolición de elementos deteriorados, el cambio de la cubierta y la retirada del mobiliario encontrador. Después, en marzo de 2008, se decreta la ejecución subsidiaria de las medidas de seguridad para evitar su derrumbe. Siendo imposible que la propiedad se haga cargo de manera efectiva, ya que su titular en el registro, Petra Rodríguez Paradinas, había fallecido, el municipio se hace ocupa de vallar la zona y apuntalar el edificio. Los derribos hechos estos año han dejado prácticametne solo la fachada. Y así sigue, porque ni siquiera los cambios en la propiedad del edificio han servido para que el Ayuntamiento tome cartas en el asunto.

 

 

LA NUEVA PROPIEDAD

 

En abril de 2010 está fechada la escritura por la que la promotora Palco 3 se hace con la propiedad de dos terceras partes del edificio del hotel, los números 13-15-17 de la Rúa; la tercera parte restante sigue en manos de Petra Rodríguez Paradinas, fallecida, pero que sigue figurando como propietaria en los datos de la finca. El acuerdo le cuesta 3,3 millones de euros que se compromete a desembolsar en un calendario de pagos que abarca hasta septiembre de 2014. Sin embargo, el hecho de que exista un nuevo propietario y que este esté localizado (es una de las promotoras más conocidas de la ciudad) no cambia en nada la situación del edificio: la obligada rehabilitación no se produce y traspasa todos los plazos y procedimientos.

 

El edificio anexo al del hotel y que forma una unidad también fue desalojado.

 

De hecho, ni siquiera la entrada en vigor de la ordenanza de la Inspección Técnica de Construcciones empuja al Ayuntamiento a tomar cartas en el asunto. Así ocurre con el edificio anexo, en el número 17, que por su antigüedad (es anterior a 1930) tenía el 31 de diciembre de 2011 como fecha límite para pasarla. Sin embargo, no es hasta el 9 de octubre de 2013, casi dos años después, que Palco 3 (su propietaria) presenta la ITC con el resultado de desfavorable. El edificio, el del número 17, conocido por sus arcos y la copistería que alberga, forma una unidad funcional con el del hotel a partir de la primera planta. Sin embargo, los números 13 y 15 no figuran entre los obligados a pasar esta ITC.

 

Tras pedir Urbanismo más documentación, la promotora, apoyándose en el estado de ruina decretado para el hotel, solicita medidas para evitar que permanezca allí el negocio del bajo del número 17, la copistería. Los técnicos municipales visitan el inmueble y concluyen que también está en situación de ruina inminente, lo que obliga al desalojo del negocio para tomar medidas. Detrás de esta decisión los inquilinos del local ven la intención de la actual propiedad de sacarlos de allí y privarles de sus derechos, lo que facilitaría las cosas a la promotora. Tras solicitarlo, lograron que se levantara el precinto y se les permitiera volver aunque para el resto del edificio se mantiene el desalojo.

 

A día de hoy, el edificio del hotel sigue esperando que el Ayuntamiento se decida a obligar a la propiedad a llevar a cabo un proyecto de rehabilitación, ya que se trata de un edificio con protección de nivel estructural, tanto el del hotel como su afín de la copistería. "Lo que tiene que hacer el Ayuntamiento en el caso del Hotel Universal, y de todos los edificios en situación de deterioro, es intentar que en menos de un año se presente un proyecto. La obligación del Ayuntamiento es instar al propietario a que lo haga", recuerda el concejal socialista Joaquín Corona. Considera que se han sobrepasado todos los plazos, no solo los legales, sino ante todo los razonables que indican que no se puede mantener ocho años en ruina un edificio histórico en pleno paseo de la Salamanca patrimonial.