Historia (II): Del coronamiento de Alemania al doblete de Brasil

La Copa del Mundo regresó en 1954 a Europa (Suiza) en su quinta edición en la que la República Federal Alemana ingresó en el palmarés de los campeones contra todo pronóstico tras derrotar a una máquina perfecta de hacer fútbol como Hungría.

Dieciséis selecciones, tres más de las que habían participado cuatro años antes en Brasil y entre las que figuraba la importante novedad de Corea y la ausencia de España por culpa de la 'mano inocente' del niño italiano Franco Gemma, que sacó el papel con el nombre de los turcos después de que el partido de desempate acabara en también empate.

 

Con una nómina de ilustres del calibre de Puskas, Bozsik, Kocsis o Hidegkuti, Hungría aspiraba a levantar el título en Suiza avalada por una racha imparable de 31 partidos internacionales (27 victorias y 4 empates) sin conocer la derrota, que la llevó a colgarse el oro en los Juegos Olímpicos. Así, los húngaros hicieron gala de su categoría desde el principio y aplastaron a Corea (9-0) y Alemania (8-3).

 

Sin embargo, el conjunto magiar quedó marcado por la tristemente famosa 'Batalla de Berna' de los cuartos de final contra Brasil, que se saldó con dos expulsados del lado húngaro y uno del brasileño y que finalizó con el triunfo (4-2) de Hungría, pero también con una auténtica pelea en los vestuarios entre los dos equipos.

 

En la final Alemania dio la campanada y, a pesar de que los húngaros, con el repaso (8-3) de la primera fase todavía en la cabeza, se adelantaron en el marcador con dos tantos los alemanes no se rindieron en ningún momento y tras lograr la igualada, Helmut Rahn aprovechó un resbalón del guardameta húngaro Gyula Grosics para, a seis minutos del final, confirmar, ante la estupefacción del público del estadio Wankdorf de Berna, una de las sorpresas más grandes en la historia de los Mundiales.

 

SUECIA 58, LA APARICIÓN DEL FENÓMENO PELÉ 

 

Suecia tomó cuatro años más tarde el testigo de Suiza para ser sede de la quinta edición de la Copa del Mundo, que quedaría marcado para siempre por la aparición de un joven de 17 años llamado Pelé, que inspiró a Brasil en el camino para olvidar las decepciones de 1950 y 1954 y poder levantar su primer título.

 

La cita contó con una participación en su fase previa de 55 selecciones, de las que se quedaron por el camino ilustres como Uruguay, Italia, Suiza, Bélgica Holanda o España, y por primera vez la competición recibió cobertura televisiva internacional.

 

El jugador del Santos Edson Arantes do Nascimento, Pelé, comenzó en tierras suecas a forjar su leyenda y escribiría las primeras letras de oro de una de las más brillantes páginas de la historia de los Mundiales y del fútbol, pese a que no debutaría hasta el tercer partido de su selección ante la Unión Soviética.

 

Pronto se mostró como el salvador para su equipo. El delantero se encargó de abrir la vía hacia las semifinales al conseguir el definitivo 1-0 en cuartos ante Gales, su primer gol oficial en un Mundial, y a partir de ese momento, fue imparable para sus rivales.

 

En las semifinales, a Brasil le esperaba Francia, que, de la mano de la pareja formada por Just Fontaine (que con 13 goles en esta competición mantiene el récord goleador) y Raymond Kopa, se había convertido en la otra sensación del torneo. Con esta difícil papeleta, el lujo brasileño de los Vavá, Garrincha, Zagalo y Bellini cedió todo el protagonismo al joven Pelé, quien, con tres tantos (5-3), metió a su país en la final.

 

En esta ocasión, la selección 'canarinha' no falló en el decisivo partido (5-2) y, con dos nuevos goles de Pelé, otros dos de Vavá y uno de Zagallo dieron buena cuenta de una Suecia que no pudo, a pesar de adelantarse en el marcador y del apoyo de su público, presentar la más mínima batalla.

 

PELÉ NO PARTICIPA DEL ÉXITO DE CHILE 62

 

Doce años después de Brasil 1950, la Copa del Mundo regresó a Sudamérica para que Chile albergara su séptima edición, en una elección que resultó polémica, ya que hubo quienes consideraban que el país andino no disponía de las infraestructuras necesarias.

 

Cincuenta y seis naciones, en un nuevo récord, participaron en la fase de clasificación, donde cayeron algunos clásicos como Francia y Suecia, dos de los protagonistas del Mundial de 1958, y donde se registraron partidos violentos como el URSS-Yugoslavia o el Chile-Italia. Además, Pelé cayó lesionado ante Checoslovaquia y dejó sólo en la responsabilidad a Garrincha y Zagallo.

 

La anfitriona, Chile, se convirtió en la revelación del evento al superar en los cuartos de final a la URSS (2-1), aunque fueron arrollados en las semifinales por Brasil, cuyo último obstáculo era Checoslovaquia, vencedora en las semifinales de Yugoslavia (3-1).

 

Pese al empate a cero de la primera fase, el sueño de los checos apenas duró 15 minutos, cuando Masopust marcó el 1-0. Fue un espejismo porque Amarildo, Zito y Vavá plasmaron el 3-1 definitivo que daba a Brasil su segunda copa y les situaba en el escalón más alto junto a Italia y Uruguay.