Hepatitis C en las cárceles: 11 tratamientos para más de 4.400 reclusos en Castilla y León

Cárcel de Brieva, en Ávila

Hasta un 20% de la población reclusa sufre Hepatitis C, pero en las cárceles de Castilla y León sólo se han dado once tratamientos para una población de 4.400 encarcelados. Los afectados denuncian que se ha parado la concesión de los tratamientos.

La Hepatitis C está actualmente en el centro del debate sanitario por las revelaciones sobre su presencia entre las enfermedades con más víctimas. Pero también porque los que la sufren se han encontrado de bruces con las limitaciones económicas a las que está sometida la sanidad pública, constreñida en los presupuestos de unas comunidades autónomas, las que tienen la competencia, que gastan más de un tercio de su dinero en la salud, y que ni por esas alcanzan.

 

El alto precio de los medicamentos, cuyo acceso está restringido a los pocos que se pueden pagar el tratamiento (hasta 25.000 euros), las largas listas de espera que sufren los que acuden a la sanidad pública, la restricción del número de tratamientos que esta puede dar... evidencian un grave problema de salud al que se pueden poner cifras: un 1,7% de la población la sufre, pero un 80% de ellos no lo sabe. Eso son 900.000 personas en todo el país que están enfermas sin ser conscientes.

 

Ese problema es todavía mayor entre la población penitenciaria. Según las plataformas de afectados, la situación en los presidios es preocupante porque si entre la población común un 1,7% de los ciudadanos sufre Hepatitis C, entre los internos se multiplica hasta el 20%. Una mayor población afectada que, en la misma situación de carestía que el resto, ve cómo la enfermedad se convierte entre rejas en un auténtico problema de salud. Y ante el que no hay respuesta.

 

 

SÓLO UN 1% RECIBE TRATAMIENTO

 

Según los datos que ha facilitado la responsable de la plataforma de afectados en Salamanca, Esther Mate, en las cárceles de Castilla y León sólo se han dado once tratamientos contra la Hepatitis C, ocho de ellos en la cárcel salmantina de Topas. Son, a todas luces, muy pocos, porque según Instituciones Penitenciarias, esta semana los presidios de la Comundiad albergan a 4.169 internos y 305 preventivos, casi 4.500 presos. Con un 20% de incidencia de la enfermedad, eso son 900 posibles enfermos... Poco más de un 1% han accedido al tratamiento.

 

Las cifras pintan el mismo panorama que en el resto de España, donde sólo un 2,8% de los reclusos reciben el tratamiento, es decir, apenas 350 personas de los 13.000 infectados. El Plan Nacional aprobado por el gobierno incluía a todos los enfermos sin diferencias. Según la Plataforma de Afectados por Hepatitis C, hay más de 12.000 presos en España que no reciben los antivirales que necesitan, aunque el Plan Nacional aprobado en abril prometió tratamiento para todos porque son uno de los colectivos prioritarios según el plan nacional; Interior reconoce que el número de internos con Ac anti HVC es de 9.063. 

 

Instituciones Penitenciarias prometió destinar 20 millones de presupuesto a comprar los antivirales, una cifra que para la plataforma es insuficiente, porque cada fármaco cuesta 25.000 euros y los necesitan más de 12.000 personas.

 

 

HEPATITIS C Y SIDA

 

Lo peor es que, según las mismas fuentes, se ha dado orden de interrumpir los tratamientos y que muchos presos que lo necesitan no pueden recibirlo. Son los mismos problemas que tiene el resto de la población, sólo que las cárceles multiplican por 15 la necesidad de cura. Una circunstancia que si ya es grave fuera de las cárceles, lo es más en un medio en el que la Hepatitis C suelve venir acompañada de VIH.

 

En el Plan Estratégico Nacional, uno de los casos preferentes además de los F2, F3 y F4, es el tratamiento inmediato a la población coinfectada, porque su enfermedad evoluciona mucho más rápido que en el resto de población afectada por VHC. Según los datos de salud nacional, el 87,5 % de los internos VIH+ están coinfectados por el VHC y el 26,8% de los internos VHC+ están coinfectados por el VIH​.

 

 

"Una persona que tiene la desgracia de entrar en un centro penitenciario pierde la libertad, pero no otros derechos", asegura Mate, que califica de "desastre" lo que ocurre en las cárceles con la Hepatitis C. "La gente se puede morir en un centro penitenciario porque se pasan la pelota", ha dicho sobre la responsabilidad de instituciones y autoridades sanitarias.