Gran variedad en el mercado

Todo tipo de puestos y productos en las calles, mientras que los pequeños tienen su espacio reservado
MONDRIÁN / DAVID RODRÍGUEZ

Todos los sábados, la zona de la Rúa del Sol acoge el tradicional mercadillo ambulante, de gran ambientación. En el día de ayer, otro mercado le hizo la competencia, aunque de carácter bien diferente. Es el mercado al estilo de la época napoleónica que ocupa parte del entorno histórico de la ciudad, y que cuenta con puestos de venta, talleres demostrativos, tabernas, una zona para niños y otra de carácter histórico. El mercado en sí está ubicado en la calle Madrid, plazuela del Conde y el Registro, con puestos de venta de todo tipo de artesanos, incluido alguno de la zona de Ciudad Rodrigo, aunque no tantos como esperaba el Ayuntamiento.

En los puestos se pueden encontrar productos gastronómicos, como sobaos de Cantabria, empanada gallega, tartas, regalices gigantes, queso de todo tipo, turrón, o ricos licores. En el apartado más artesanal, también variedad de productos: de piedra, cuero, cerámica, cristal, plata, o textiles, como las mantas. Para relajarse al llegar a casa, se pueden comprar jabones y productos de aloe vera, muy apreciados por su alta calidad.

Como notas más exóticas, un puesto de “trucos buenos”: un mago vende trucos de magia, y además también los hace en directo, para deleite de los que por allí pasan. Para quien quiera conocer su futuro, una vidente echa las cartas al inicio de la calle Madrid, y si no, se puede comprar un amuleto de la buena suerte de los que ella misma vende. Y para quien esté agobiado, un masaje reparador en mitad del mercado, o se puede hacer unas trenzas de cuero en el pelo.

Aunque los puestos están repartidos por todas las zonas, la plazuela del Conde acoge también varios talleres demostrativos, como de moldeado en piedra o un telar tradicional. Y para reponer fuerzas está el Registro: allí se ubican varias tabernas, con estilos castellano, húngaro, y argentino, además de una crepería y un puesto de mojitos. Se puede sentar uno tranquilamente en las mesas dispuestas, o tomárselo de pie como en la barra de cualquier bar. Lo importante es pasárselo bien.

Mientras, los más pequeños tienen su zona en el paseo Fernando Arrabal. Sobre la pista de Bolonia, se están desarrollando Cuentacuentos, y pueden encontrar numerosos juegos. Sin embargo, no son a los que están acostumbrados con videoconsolas y ordenadores. Son juegos tradicionales, de toda la vida, tan sencillos como meter una soga en un palo, el tres en raya, o alguno más de pensar, como las damas. Además, los chavales pueden luchar con espadas de madera intentando mantener el equilibrio sobre una estrecha madera, o practicar el tiro, pero no con arco, sino con ballesta. En definitiva, conocer tradiciones de otra época bien diferente.

Por último, el mercado tiene una parte más histórica. En uno de los fosos, el aledaño a la puerta del Sol, se recrea un campamento militar francés, cuidadosamente ambientado. Cuenta con varias tiendas de campaña, al estilo francés, e incluso una horca y guillotina.

En este espacio se desarrollan exhibiciones de armas militares y de esgrima, y a última hora de la noche de ayer tuvo lugar un enfrentamiento, en clave de humor, entre tropas francesas y mirobrigenses, como el que tuvo lugar hace 200 años.

El mercado vive hoy domingo su tercera y última jornada, que se cerrará con un espectáculo de malabares con fuego a partir de las 21.30 horas en el Registro.